La opinión del Papa

No está claro cuándo fue o dónde, pero, cualquiera fuere su origen, es evidente que sólo a José Stalin se le podía ocurrir preguntar ¿cuántas divisiones (armadas) tiene el Papa?

Es que el poder de la Iglesia Católica no se mide en términos militares, pese a la Guardia Suiza y el cuerpo de Gendarmería del Vaticano. Hasta el siglo pasado existieron la Guardia Noble y la Guardia Palatina. La Guardia Suiza, (Schweizergarde) no es un simple adorno. Después del atentado contra Juan Pablo II, se ha redoblado su papel en la custodia del Papa. Son cien hombres y su armamento consiste en pistolas SIG P75 y subametralladoras alemanas Heckler & Koch.

Obviamente, no reside aquí el poder del Papa. La suya es, más que nada, una fuerza moral.

En materia internacional, su base es el profesionalismo de la diplomacia vaticana. Pero su mayor respaldo es que ninguna superpotencia le gana en capacidad para estar presente en todo el planeta. Y no se trata de espías a sueldo.

La otra fuente de poder reside en la calidad de la información. No tiene parangón pese a contar con menos recursos tecnológicos que potencias grandes o medianas. Cardenales, obispos y sacerdotes de a pie son las principales fuentes informativas. A ellos se suman los Nuncios, diplomáticos con formación de excelencia.

Y, en el caso de cualquier Papa, pero sobre de todo uno argentino no cabe duda de que –aparte de la prensa- los reporteros que más valora son sus amigos.

¿Cuál de estas fuentes le explicó lo que ha estado pasando en Osorno tras el nombramiento del obispo Juan Barros? No se sabe. Pero este caso ha servido para despejar una de las creencias principales de los fieles católicos. Como se mire, la infalibilidad del Papa –consagrada en el primer Concilio Vaticano- no es ilimitada. Hay muchas materias en las cuales el Papa se puede equivocar y no es pecado discrepar de sus afirmaciones.

En 1870 el Concilio Vaticano I proclamó la Infalibilidad papal: “El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres….

El Papa, en consecuencia, no es infalible en todo lo que diga o escriba.

Por eso, declarar “tontos” o “zurdos” a los osorninos es perfectamente discutible.

A. S.
Octubre de 2015
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas