El país del miedo

Chile tuvo y tiene miedo. Un miedo que nos hace vivir a medias, reprimidos y sofocados”. La frase no puede ser más actual. Pero no es nueva. Es el comienzo de un libro de la periodista Patricia Politzer publicado en 1985 y titulado precisamente “Miedo en Chile”. En los últimos días, después del bombazo en el centro comercial de la estación Escuela Militar del Metro de Santiago, muchas personas han expresado su temor. El martes –día siguiente del atentado- La Segunda tituló en portada: “El retorno del miedo”.

Quienes estuvieron cerca de la explosión han dicho a sus parientes y cercanos que, más allá del impacto, lo que más los afectó fue la sensación de sentirse vulnerables, indefensos ante el terrorismo. Muchos confesaron que experimentaban una profunda resistencia a subir nuevamente al tren subterráneo. Es comprensible. Ese mismo martes, en la noche, tuve la oportunidad de transitar por los pasillos del centro comercial para abordar el Metro y, obviamente, lo hice con una mezcla de temor y curiosidad. Es, probablemente, lo mismo que sentían las otras personas que transitaban por ahí esa noche y que hubieran preferido no tener que hacerlo.

Todos tuvimos miedo en algún momento” sostenía el escritor y periodista Guillermo Blanco al recordar los años de la dictadura.

Es la reacción inevitable frente a un peligro indefinido, que amenaza en cualquier momento, en cualquier lugar. Fue lo que recogió en su libro Patricia Politzer hace casi treinta años. En una breve nota de presentación, el cardenal Raúl Silva Henríquez escribió entonces su convencimiento de que el trabajo de la periodista tenía “el valor de recordarnos lo que nunca debimos olvidar: podemos pensar distinto sin necesidad de considerarnos enemigos. Podemos tener divergencia en las ideas, pero no es necesario que busquemos la destrucción del adversario”.

Patricia y el cardenal hablaban en un contexto muy diferente al de ahora. Entonces el terror venía mayoritariamente del régimen miulitar que ya llevaba más de una década en el poder. Las historias que recogió este libro –“gente tan heterogénea como un sacerdote, un militar, una militante comunista, y un empleado de banco” entre otros- le hicieron “percibir que el miedo era un elemento común a casi todos”.

Esto ocurrió en 1985. Era una época de feroz represión, en que las protestas se repetían todos los meses con enfrentamientos urbanos y un doloroso saldo de víctimas fatales. Sin embargo, a pesar de todo ello, menos de tres años después, en el plebiscito de 1988, la mayoría de los chilenos se atrevió a acudir a votar sin más arma que un lápiz para marcar su rechazo a la continuación del régimen militar. El miedo no había desaparecido, pero los electores fuimos capaces de superarlo.

Es la lección que deberíamos recordar en estos días. El terrorismo –venga de donde venga- busca amedrentar, busca imponerse por la fuerza. La única manera de derrotarlo es no rendirse, no dejar que no venza la parálisis.

El país democrático que estamos reconstruyendo desde 1990 nos obliga a perseverar. Tratar de mejorar nuestra convivencia y no dejar que nos dominen por la fuerza o el miedo.

A. S.
Septiembre de 2014
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas