Obispo sin pelos en la lengua.

 

El fallecido obispo Carlos Camus tuvo un activo papel en la defensa de los derechos humanos durante la dictadura militar. No solo tenía a su cargo de la diócesis de Linares, también fue secretario general del episcopado. Ello le ganó admiradores y detractores.

Hace casi 40 años, monseñor Camus fue protagonista involuntario de un episodio que lo colocó en la mira de las autoridades. Debido a que un periodista no respetó el compromiso ético de mantener en reserva (off the record) ciertas declaraciones suyas, se generó un áspero debate.

El 30 de septiembre de 1975, los corresponsales extranjeros invitaron al obispo Camus a una reunión informativa. Heriberto Zecher, presidente de la asociación, lo convidó como parte de una ronda de encuentros similares con distintas personalidades. Dadas las restricciones que sufría el periodismo, era habitual recurrir a conversaciones off the record para obtener información de primera fuente. El propósito era que eventualmente esa información sirviera de base para otras investigaciones, pero nunca debía publicarse in extenso.

Monseñor Camus habló “a calzón quitado”. La mayoría de los asistentes respetó el acuerdo. Sin embargo, dos agencias informativas dieron a conocer parte de la conversación. Pero el periodista colombiano Alvaro Pineda de Castro entregó el texto integro de lo conversado a dos diarios: La Segunda y La Tercera.

La publicación, por el polémico contenido de los dichos del obispo, desató la ira de grupos afines al régimen.

El cuerpo de generales y almirantes en retiro rechazó las supuestas “ofensas” del obispo a las señoras de algunos generales. La Asociación de Mujeres Periodistas hizo causa común con los militares. En cartas en los diarios se pidió la renuncia del obispo (en varios casos se incluyó también al cardenal Raúl Silva). Sectores evangélicos que se sintieron aludidos, fueron igualmente críticos.

En este ambiente crispado, salió a luz el tema ético y el respeto al secreto profesional. La Asociación de Corresponsales reaccionó de inmediato pidiendo explicaciones al periodista Pineda. Este, en reunión con la asociación, sostuvo que había sido invitado a “una conferencia pública de prensa”. “Era obvio, dijo, que quienes estaban ahí tenían el propósito de transmitir a sus respectivos medios las declaraciones del Obispo”. Sostuvo que había hecho uso de las declaraciones porque no veía en ello “nada censurable”… “Ni como periodista ni como caballero tengo conciencia de haber violado principio ético alguno”.

En votación secreta, la Asociación decidió expulsar a Pineda por “faltar gravemente a la ética”. Del mismo modo se acordó presentar públicas excusas al obispo Camus.

En 1975 aún no se creaba el Consejo de Ética de los Medios y el Tribunal respectivo del Colegio de Periodistas no tenía la conformación actual. En consecuencia, el caso no fue tratado en ninguna instancia de autorregulación.

Hasta hoy, sin embargo, es objeto de estudio en la cátedra de Ética Periodística en las Escuelas de Periodismo.

 

A. S.
Marzo de 2014
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas