Llegando a la meta.

 

El debate, en política, es como el dinero: no hace la felicidad, pero ayuda. Es lo que deben pensar los candidatos presidenciales norteamericanos Mitt Romney y Barack Obama. Hasta ahora cada uno ha ganado un encuentro. Se supone que el tercero –programado para este lunes- será el definitivo.

El primer round lo ganó Romney de manera abrumadora. En el segundo se impuso Obama.

¿Qué pasará en el tercero y cuánto va a influir en la votación final?

No hay respuesta segura. Estos debates fueron inventados en Estados Unidos en el siglo XIX. Entonces eran “a pulso”, en espacios cerrados y con acceso limitado. Los más famosos los protagonizaron en 1858 Abraham Lincoln y el senador Stephen Douglas, en Illinois. La elección para un escaño en el Senado la ganó Douglas. Pero, dos años después, Lincoln fue elegido Presidente.

La versión actual de los debates se estrenó hace poco más de medio siglo, en la elección de 1960. Los competidores principales eran Richard Nixon y John F. Kennedy. Se enfrentaron ante las cámaras de TV en cuatro oportunidades. Desde la primera Kennedy sacó ventaja. A su favor tenía un bronceado natural, que logró en las vacaciones y su personal atractivo, reforzado por su acento bostoniano. Nixon, quien como Vicepresidente había sido duramente cuestionado –en una visita oficial en Caracas sufrió un bochornoso ataque- no se veía bien sin maquillaje y con su barba crecida.

Pese a ello, el resultado fue estrecho: Kennedy obtuvo 34.220.984 votos, contra 34.108.157 de Nixon. Esta mínima diferencia (49,72 por ciento contra 49, 55), no se reflejó en el número de elegidos para el Colegio Electoral: 303 de Kennedy contra 219 de Nixon. Hay pocas dudas que la ventaja en votos populares –más de 112 mil- sí se puede atribuir a los debates. Desde entonces, hasta este año, se realizaron 15 debates, creando una tradición difícil de eludir. Algunos candidatos han cometido errores imperdonables y ha habido lapsus poco felices pero también se ha visto, como hizo Ronald Reagan, que el buen manejo ante las cámaras es una gran ventaja.

Con la irrupción de las redes sociales, se piensa que los debates en TV han perdido importancia. En la campaña anterior, que ganó Obama, su gran herramienta fue precisamente Internet, en especial Facebook. Pero la televisión sigue siendo vital como lo demostró esta vez lo ocurrido en los dos primeros encuentros: en el primero Obama se mostró vacilante e inseguro. En el segundo, en cambio, se recuperó y no dudó en atacar frontalmente. Perdió uno; ganó otro.

La mejor ayuda, sin embargo, se la dio Candy Crowley, la moderadora. Cuando Romney aseguró que Obama se demoró en reconocer que la muerte del embajador en Libia era un acto terrorista. Obama lo contradijo y le pidió que leyeran la transcripción oficial de su primera reacción. "En realidad, sí lo llamó un acto de terror", intervino la moderadora. "¿Puedes decirlo un poco más alto?", le pidió Obama, provocando las risas y el aplauso del público.

Si al final triunfa Obama, esta intervención podría ser decisiva. Gran logro para Crowley, mujer ancla de CNN.

A. S.
19 de octubre de 2012.
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas