El misterio Nisman

Prácticamente desde su origen, la novela policial tiene una inquietante variable: “el crimen en un cuarto cerrado”. Se cree que en “Los crímenes de la calle Morgue” Edgar Allan Poe planteó por primera vez el enigma de un crimen cometido dentro de una habitación cerrada por dentro.

A comienzos del siglo XX el francés Gastón Leroux retomó el tema en “El misterio del cuarto amarillo”. También lo hicieron Arthur Conan Doyle (“La banda de lunares”) y Gilbert K. Chesterton. El chileno Enrique Araya, más conocido por sus obras humorísticas, incursionó en esta veta en su novela “Crimen de cuarto cerrado”.

Este somero recuento permite comprender el origen del océano de sospechas que generó la muerte de Alberto Nisman, el fiscal a cargo de la investigación del atentado contra la AMIA que costó 85 muertos.

Desde el primer momento se acumularon dudas y contradicciones. La Presidenta argentina, Cristina Fernández, contribuyó a la crispación con sus contradictorias notas en Facebook. Inicialmente sostuvo la tesis de que se trataba de un suicidio, pero a mitad de semana negó rotundamente tal posibilidad. En este desquiciado debate, lo primero que se perdió fue la hebra del ovillo. Sólo hay una certeza: en los 20 años en que no se aclaró, el ataque contra la Mutual Israelita conjuró a todos los servicios secretos y no tan secretos, desde Israel a Irán, desde Argentina a la CIA y el FBI. Hay que recordar, adicionalmente, que el entorno de la Presidenta argentina está sometido a un asedio intenso con algunos de sus más importantes colaboradores en la mira de la justicia.

Hay tantas preguntas sin respuesta, que parece imposible que el caso se aclare.

La siguiente es una síntesis de algunas dudas:

  1. .- Las muchas horas que mediaron entre la data de muerte de Nisman y la reacción de sus guardaespaldas.
  2. .- La temprana presencia del secretario de Seguridad de la Presidencia, Sergio Berni, en el sitio del suceso.
  3. .- La doble negativa a permitir la entrada de ambulancias al edificio donde vivía el fiscal.
  4. .- La existencia o no de huellas de pólvora.
  5. .- Las confusas explicaciones acerca de los accesos a su departamento.

Como en todo enigma policial, cualquier tesis es posible. Personalmente empiezo a creer, aunque casi nadie está de acuerdo conmigo, que efectivamente se trata de un suicidio. La última teoría de la Sra. K. se basa en que el fiscal habría trabajado con información errónea que le entregó algún servicio secreto.

¿Y si fuera cierto? ¿Qué pasaría si Nisman hubiese descubierto el engaño cuando ya se había jugado a fondo? ¿Podría haber echado marcha atrás? ¿O prefirió autoeliminarse?

Plantearlo así suena ofensivo en el caso de un hombre probadamente íntegro, pero la literatura policial está llena de reacciones inesperadas. Y ya sabemos que casi siempre la realidad supera la ficción.

A. S.
Enero de 2015
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas