Los niños de la guerra.

 

A dos años y medio del comienzo del conflicto, la guerra civil en Siria no amaina. Se inició junto con el estallido de la Primavera Árabe, pero, debido a la porfía del Presidente Bashar Al-Asad, no ha tenido tregua. La semana pasada, trascendió que el gobierno de Barack Obama tiene pruebas de que el régimen ha estado utilizando armas químicas, concretamente el gas sarin. Con anterioridad, Francia y Gran Bretaña había expresado la misma convicción. Esto, según comentó antes el propio Obama, significaría que Al-Asad ya ha cruzado la “línea roja” de lo aceptable.

Al mismo tiempo, para hacer más oscura la situación, se multiplican los informes que señalan que los niños de Siria se han convertido en las víctimas por excelencia del cruento conflicto.

En marzo, Le Monde denunció que “los niños son utilizados cada vez más en la guerra. Ambas facciones (el gobierno y los rebeldes) no tienen escrúpulos en reclutar niños como soldados o, incluso, como escudos humanos”. La Unicef reiteró las mismas acusaciones. Ted Chaban, director de Emergencias del organismo, sostuvo que “el conflicto de Siria es una de las crisis más graves que afrontan hoy los niños en el mundo. Se ha destrozado la vida de cuatro millones de niños y toda una generación está en riesgo”.

Chaban alabó “la increíble capacidad de resistencia del pueblo sirio” en este difícil período. Pero, precisó, ello no resuelve los muchos problemas: necesidad de proporcionar agua potable a miles de personas, vacunar a los niños y cubrir “crecientes necesidades humanitarias”.

Se estima que los muertos suben de 93 mil. Según Naciones Unidas se ha comprobado ataques con bombas de racimo contra escuelas, viviendas y hospitales. Pero los más afectados son sobre todo los niños. En Alepo, señaló este mismo informe, las tropas del gobierno mantuvieron como rehenes a 55 alumnos entre diez y trece años, con el fin de expulsar a los rebeldes.

La comisionada de derechos humanos, Navi Pilay, dijo que “hay casos de niños torturados y ejecutados, solos o con sus familias. Crímenes contra bebés, incluso”.

¿Cómo es posible, entonces, que la guerra continúe?

Un factor decisivo es, desde luego, el empecinamiento de Al Assad.

Pero no es lo único.

Hasta ahora, el resto de los actores ha mantenido una conducta prudente dado el estratégico papel de Siria en Medio Oriente. Como resultado de un largo historial de acciones precipitadas, para Estados Unidos no ha sido fácil enfrentar la situación. La mala imagen y los costos –humanos y financieros- han frenado acciones que hace medio siglo habrían sido instantáneas: por ejemplo, enviar tropas para imponer la paz. Después de Vietnam, Afganistán, Irak y otras acciones similarmente desastrosas, Washington se ha hecho más cauteloso.

Es evidente, sin embargo, que con casi cien mil muertos, el uso de armas destructivas y el alto costo de tratar de salvar a los niños, terminará por imponerse la política tradicional.

Para Siria podría estar llegando el momento de una intervención internacional.

 

A. S.
15 de Junio de 2013.
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas