Ni borrón ni cuenta nueva.

Cuando, aparentemente por razones humanitarias y de reconciliación, se ha propuesto hacer “borrón y cuenta nueva”, en materia de Derechos Humanos, se omite un dato esencial: hay situaciones no resueltas. A pocas semanas de cumplirse 40 años desde el golpe militar, las noticias no dan tregua.

Agosto empezó con una información que se está investigando. Según la agencia Efe, “varios rieles usados para lanzar cadáveres de prisioneros políticos al mar y hacerlos desaparecer durante la dictadura de Augusto Pinochet fueron hallados en las costas de Caldera, en el norte de Chile, revelaron fuentes judiciales. Los pedazos de metal, encontrados a unos 870 kilómetros al norte de Santiago, fueron subidos hace unos días a la superficie, desde el fondo marino y su hallazgo fue posible gracias a que un militar que participó en esas acciones confesó antes de morir”.

La agencia informativa no pudo precisar más detalles, salvo que “hasta ahora, la identidad del militar se mantiene en reserva y los rieles, ‘menos de cinco’… se encuentran en el Laboratorio de Criminalística de la Policía de Investigaciones (PDI), en Santiago, donde serán analizados”.

Mientras haya personas no encontradas, es evidente que este tipo de descubrimientos seguirán estremeciendo a sus parientes directos y a dirigentes de movimientos humanitarios.

Ha habido más novedades.

En 2003, la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD) registraba nueve casos de mujeres embarazadas cuya suerte no se conocía. Entonces, un esfuerzo por encontrar a sus hijos no tuvo resultado. Según Graciela Zúñiga, integrante de la AFDD, “la campaña no funcionó, en parte debido a nuestras carencias y limitaciones… Hemos estado treinta años buscando y exigiendo. Tal vez nos queden otros treinta años para poner en el tapete la situación de las detenidas desaparecidas embarazadas”.

En Buenos Aires, gestiones similares tuvieron más éxito.

Hace unos días, Pablo Germán Athanasiu Laschan, de 38 años, se convirtió en el nieto número 109 en averiguar su verdadero origen gracias a las gestiones de la agrupación de Abuelas de Plaza de Mayo. Sus padres eran chilenos.

Hacía mucho tiempo que no teníamos la posibilidad de escuchar una noticia tan grande, de tanta felicidad de saber que al final se encontraba uno de los niños secuestrados junto a sus padres hace 38 años… Pasamos todos estos años con su foto de seis meses que fue lo que nos quedaba de él ya que sus padres desaparecieron en Argentina sin dejar rastro”, explicó Viviana Díaz, ex presidenta de la AFDD.

Este “final feliz” plantea, sin embargo, otras dramáticas interrogantes. Esta persona, que ha vivido desde muy niño con quienes han sido descritos como “cercanos” a la dictadura argentina, ¿cómo va a reaccionar ante un giro tan profundo en su existencia?

Ya sabía algo cuando aceptó someterse a las pruebas de ADN. Pero es imposible anticipar cómo se verá en un contexto nuevo, con parientes chilenos de ideas distintas de las de quienes consideró por décadas como sus padres.

Imposible pensar en un “borrón y cuenta nueva”.

A. S.
Agosto de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas