Editor ejemplar

Cuando se habla de diarios “de calidad” se incluye generalmente a The New York Times (EE.UU.), Le Monde (Francia), Die Welt (Alemania), El País (España), Asahi Shimbun (Japón) y algunos más. Es una lista qu puede variar: en el pasado se mencionaba a Pravda (de la desaparecida Unión Soviética) o a The Times (Inglaterra). Ahora ya no luego que lo compró Rupert Murdoch.

El que sí seguirá en la selección mundial por mucho tiempo es The New York Times. Desde que lo adquirió Adolph Ochs en 1896, ha mantenido firme el rumbo, bajo el control de la misma familia. Según los autores de Makers of Modern Journalism (Creadores del Periodismo Moderno), “The Times no es tanto un periódico como una institución”. Así se vio una vez más tras la reciente muerte de Arthur Ochs Sulzberger, su publisher por décadas: el diario sigue siendo una sólida institución.

Lo ha sido desde la gestión de Adolph Ochs, quien no fundó el diario, pero sí le imprimió su carácter definitivo. Se consolidó bajo sus sucesores, pero tuvo sus mejores momentos con Arthur Sulzberger, nieto de Ochs. Pese al parentesco, cuando murió su padre, la familia prefirió encomendar la tarea de dirigir el negocio a un yerno, Orville Dryfoos. El analista Alex S. Jones señaló que Arthur Sulzberger, conocido como Punch, parecía “demasiado joven e inmaduro”.

Dos años después, en 1963, tras la prematura muerte de Dryfoos, no quedó más remedio que entregarle el poder. El momento era complicado debido a una huelga de casi cuatro meses del personal de talleres. Además, la imagen del diario se había debilitado en razón de su origen judío de sus dueños. Una serie de decisiones generó una situación difícil de imaginar en otro contexto. Después de la Segunda Guerra, se había acallado casi toda referencia al holocausto. Sólo más tarde se reconoció que los cuidados -como los del mítico sacristán que terminó matando al señor cura- habían sido excesivos. Eran el producto de una sobrerreacción ante las críticas previas por el apoyo a la guerra contra Hitler. En algunos círculos norteamericanos se había atribuido esa postura precisamente a su origen judío.

En 1971 Punch Sulzberger libró su más importante batalla en favor de la independencia del diario: la publicación de los Documentos del Pentágono. Ellos revelaban graves falsedades en la información oficial acerca de Vietnam. El Presidente Nixon pidió que, por razones de seguridad nacional, no se diera a conocer este material, pero el diario -por una personal decisión de su publisher- siguió adelante.

Sulzberger reconoció más tarde que había temido que lo encarcelaran, pero consideró que era más importante la reafirmación de la defensa de la libertad de expresión. Ya en los años 60 el diario había ganado otra batalla en un juicio famoso, cuando fue demandado por publicar un aviso que denunciaba los excesos en la represión de las manifestaciones contra la segregación racial.

Era, en buenas cuentas, otra demostración de su permanente lealtad al lema del diario: Dar “todas las noticias dignas de imprimirse”.

A. S.
5 de octubre de 2012.
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas