La voz de Margot

 

En septiembre próximo cumple 95 años. Margot Loyola no oculta su edad y no tiene por qué hacerlo. Aunque sufre de serios problemas auditivos, su mayor tesoro -su inteligencia- y su herramienta más valiosa -su voz- están intactos. Lo demostró hace unos días cuando recibió el Premio 2012 de la Academia Chilena de Bellas Artes.

Otros cultores de las bellas artes (el compositor Eduardo Cáceres; el dramaturgo y ahora pintor Egon Wolff, y el grabador Eduardo Vilches) fueron distinguidos en la misma ceremonia. Todos merecidamente premiados, por cierto. Pero Margot los eclipsó “sin querer queriendo”.

En un diálogo improvisado con el académico Luis Merino, derrochó ingenio y picardía, tal como lo ha hecho a lo largo de toda su vida. Luego añadió, fuera de programa, dos breves interpretaciones a capella en el añoso salón de honor del Instituto de Chile. Maravillosa voz por la cual no pasan –ni pesan- los años.

Premio Nacional en 1994, Margot ha acumulado a lo largo de su vida decenas de distinciones.

Tuve la suerte de trabajar un breve tiempo con ella en los inicios de la televisión chilena, en los estudios de Canal 9, entonces en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile, a fines de 1960. Dirigía el canal Raúl Aicardi, mi profesor en la Escuela de Periodismo y quien tenía cálidos lazos de amistad con Margot. Empezamos a preparar un programa musical –era una TV de verdad cultural la de entonces- pero en definitiva yo partí hacia otros rumbos.

La he visto poco desde entonces, pero, como muchos chilenos, he seguido con admiración su deslumbrante carrera desde el dúo Las Hermanas Loyola y los grupos Cuncumén y Palomar. Es, junto a Violeta Parra, una de las dos grandes maestras del folclor chileno. Dedicada a la investigación y la enseñanza, ha contribuido a renovar la música tradicional. En 1952 realizó un notable estudio sobre la resbalosa y la marinera en Perú a fin de establecer comparaciones con la refalosa y la cueca chilena.

Casada con Osvaldo Cádiz, ha hecho grabaciones en Chile, Francia, España y Argentina, Rumania y URSS. Desde 1949 colaboró en las Escuelas de Temporada de la Universidad de Chile, plantel que la nombró académica en 1972. En 1998 la Universidad Católica de Valparaíso le concedió el título de Profesor Emérito.

Un artículo en Wikipedia resume el significado de su labor en paralelo con la de Violeta Parra: “Un dúo de profundas resonancias en la vida artística, cultural e incluso, política del Chile de la segunda mitad del siglo XX. Ambas mujeres, nacidas en pueblos vecinos del Chile Central, representan un verdadero tesoro nacional, jamás igualado en el ámbito de la música folclórica, de la investigación del folclore, de la poesía popular y del canto popular. s en Chile y en el extranjero”.

Expresa, en otras palabras, el sentido que fijó la ley al Premio de la Academia de Bellas Artes: distinguir “la permanencia, trayectoria y compromiso en el desarrollo de las artes visuales, escénicas y musicales chilena”.

Es lo que ha hecho esta hija de Linares en su intensa y fecunda vida.

 

A. S.
Mayo de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas