El ejemplo de Madiba.

 

"La muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con su pueblo y su país, puede descansar en paz".

Nelson Mandela es el último de los grandes hombres del siglo XX. Su estatura como estadista lo equipara a personajes como Winston Churchill o Charles de Gaulle. Pero la vida no le dio las facilidades que tuvieron esos líderes europeos. Su ejemplo, más cercano a Gandhi y a Martin Luther King, es el de quien se dedicó a luchar sin descanso contra la injusticia y el racismo. Y que nunca perdió la esperanza:

"Yo no tenía una creencia específica, excepto que nuestra causa era justa, era muy fuerte y que estaba ganando cada vez más y más apoyo".

Al comienzo –lo que era casi inevitable en el ambiente de opresión de Sudáfrica- optó por la violencia. Fue dirigente del Umkhonto we Sizwe, el brazo armado del Congreso Nacional Africano (CNA). Tuvo que pagar un duro precio: vivir en la clandestinidad, sufrir un largo proceso y ser condenado, en 1962, a más de un cuarto de siglo en prisión. Como consecuencias de los malos tratos, enfermó de tuberculosis, la que lo debilitó para siempre. Sufría insuficiencia respiratoria, incluso cuando ya encabezaba con éxito el primer gobierno negro elegido democráticamente en Sudáfrica.

Convertido en un pacifista convencido, su gran desafío en ese momento era el temor a un estallido de violencia no solo entre negros y blancos, sino también entre las propias tribus africanas. Aunque el país no ha estado exento de situaciones violentas, la transición del apartheid a la democracia sigue siendo un modelo de moderación y convivencia cívica. Mandela probó tener derecho al título honorífico de “madiba” otorgado por los ancianos de su clan

Notable es por cierto la forma cómo se impuso la democracia en una cultura autoritaria –como se ha visto prácticamente en todo el resto de África- a la cual los blancos hicieron muy escasos aportes.

Y, más aún, debe destacarse que Mandela siempre valoró la importancia de la información libre en un régimen democrático. Escribió:

"Una prensa crítica, independiente y de investigación es el elemento vital de cualquier democracia. La prensa debe ser libre de la interferencia del Estado. Debe tener la capacidad económica para hacer frente a las lisonjas de los gobiernos. Debe tener la suficiente independencia de los intereses creados que ser audaz y preguntar sin miedo ni ningún trato de favor. Debe gozar de la protección de la Constitución, de manera que pueda proteger nuestros derechos como ciudadanos".

Es equivalente a lo que decía Thomas Jefferson, uno de los padres de la patria norteamericana: “Si tuviera que elegir entre tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no vacilaría en preferir la última posibilidad. Pero agregaría que todos los hombres deberían recibir periódicos y ser capaces de leerlos”,

Buen mensaje, pero la brutal diferencia es que Jefferson, como muchos de sus contemporáneos, tenía esclavos negros a su servicio.

 

A. S.
29 de Junio de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas