El desafío de la Mafia

 

El Papa Francisco sabía lo que le esperaba en el trono de san Pedro. Su penúltimo antecesor murió en el cargo tras sufrir graves problemas de salud. El último, Benedicto XVI, optó por retirarse. Es que la responsabilidad de ser el representante de Dios en la tierra tiene muchas aristas.

Las hay internas, como la crisis derivada de los casos de pedofilia y abusos sacerdotales y la creciente urgencia de la reforma de la Curia, el gobierno central de la Iglesia Católica. Pero, igualmente, se espera de un líder espiritual que emita pronunciamientos ante los múltiples desafíos de la vida moderna.

En el caso del Papa, la realidad del entorno es inescapable. Del Sumo Pontífice se espera que hable de todos los problemas: tanto políticos como sociales. Y no puede ignorar una realidad típicamente italiana: la Mafia.

Sobre todo, la Mafia.

Hace un par de años, cuando recién se insinuaba la crisis actual en el Viejo Continente, se estimaba que la mafia era la mayor empresa de Italia. Según un informe de la asociación de minoristas, Confesercenti, la Mafia “facturaba” 90 mil millones de euros al año. Conforme esta investigación, cada año se cobraban seis mil millones de euros a comerciantes, tiendas y restaurantes, amenazados con duras represalias. El negocio de quien se resiste, puede ser incendiado o atacado o se ve obligado a retirarse del mercado. “Las extorsiones de la mafia hicieron que entre 2004 y 2006, una 165 mil actividades comerciales se suspendieran y unos 50 mil hoteles cerraran”, se precisaba.

La magnitud del negocio no hace diferencia: la Camorra cobra entre cinco y seis euros por un puesto en el mercado de Nápoles. Pero es más al sur, en la isla de Sicilia, la patria de la Cosa Nostra, donde la situación puede ser de vida o muerte.

Eso explica el revuelo que produjo la beatificación, hace un par de semanas, del sacerdote Giuseppe Puglisi, veinte años después de su asesinato a sangre fría.

Don Giuseppe dedicó su vida a los niños y a los jóvenes, las víctimas predilectas del negocio del narcotráfico de la mafia. Fue tenaz en la denuncia, insistiendo en que “no tenemos por qué callar”. En septiembre de 1993, el día en que cumplía 57 años, fue asesinado en un barrio palermitano por la espalda.

La ceremonia de beatificación, en Palermo, tuvo una masiva concurrencia. Es que el padre Giuseppe no ha sido el único asesinado: jueces que combatieron la mafia, policías y mucha gente inocente, han sido víctimas de este súper poder que sigue desafiando al Estado.

Desde Roma, el Papa Francisco fue categórico. Recordó “el dolor infligido a los hombres, a las mujeres, a los niños explotados por las mafias… que los convierten en esclavos, con la prostitución, la presión social”. El padre Giuseppe, señaló, fue víctima del crimen organizado. Fue un personaje “ejemplar” que luchó por alejar a los niños de la mafia y que trataron de “vencerlo mediante el asesinato”.

Con optimismo, sostuvo el Papa que el sacerdote terminó siendo “el que ha ganado con Cristo. Debemos hacer de su ejemplo un tesoro”.

Es probable que haya otras denuncias parecidas en la agenda de Francisco.

 

 

A. S.
31 de mayo de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas