Las peleas de Maduro

De manera casi inevitable, muchos países del mundo tienen problemas con sus vecinos. Es el caso chileno donde todavía repercuten guerras de hace más de un siglo (Perú y Bolivia) o casi guerras (Argentina). Por contraste, con quienes no tenemos fronteras comunes, las relaciones han sido invariablemente cordiales.

Actualmente, la excepción la marca el tono confrontacional con que Nicolás Maduro maneja las relaciones entre Venezuela y Chile.

La historia de nuestros dos países tiene hitos notables, empezando por la perdurable influencia de Andrés Bello en el Chile en el siglo XIX. No es el único. En tiempos difíciles para los venezolanos, nuestros país los acogió con cordialidad. Y lo mismo cuando fueron los chilenos los que buscaban refugio frente a los abusos de la dictadura.

¿Cómo se explica, entonces, la actitud de Maduro?

Según el comentarista Daniel Lozano, de El Mundo, “el oficialismo venezolano busca la remontada ante lo que apunta será una derrota histórica el 6 de diciembre”.

La razón sería la fuerte caída de la popularidad de Maduro. Esta caída explicaría la dura condena contra el opositor Leopoldo López, castigado por su supuesta responsabilidad en los incidentes callejeros de 2014. Paralelamente, el gobierno venezolano estaría tratando de afirmarse a costa de un conflicto con Colombia y una escalada de descalificaciones contra Chile.

Diversos gobiernos chilenos han optado por tratar con delicadeza al régimen venezolano. Incluso hicieron oídos sordos cuando Chávez dijo que su aspiración era bañarse en el Pacífico en aguas bolivianas. Ante los atropellos evidentes a los derechos ciudadanos, el régimen chileno mantuvo inicialmente un discreto silencio. Probablemente sabía que se exponía a una reacción desproporcionada.

Así ocurrió ahora. Los expresidentes Ricardo Lagos y Eduardo Frei recordaron que “cuando se violan los derechos humanos no hay fronteras y es legítimo levantar la voz por otros pueblos cuando somos testigos de arbitrariedades e injusticias”.

La Cancillería chilena expresó idéntica preocupación. Como respuesta, el gobierno de Caracas acusó a Chile de hacer “juicios de carácter injerencista” y lo invitó a no “inmiscuirse en sus asuntos internos”. Sobre la marcha, opinó acerca de todo tipo de problemas, desde la reforma educacional al conflicto mapuche.

Una vez más, la Cancillería optó por la serenidad:

Vamos a mantenernos por ahora en las comunicaciones que ambos países han tenido con respeto y convicción”, insistió el ministro Muñoz.

A Chávez ni el Rey de España lo pudo acallar. Parece que con su sucesor ocurrirá lo mismo.

A. S.
Septiembre de 2015
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas