Leer “La Porota

Inesperado pero comprensible resulta el debate sobre la escolaridad exigida a los alcaldes. Parece insólito que la legislación tomara por sorpresa a los eventuales candidatos: Creo que tiene que ver con constantemente denunciada falta de prolijidad de autoridades y legisladores. No es la primera vez y probablemente volverá a pasar.

En los mismos días en que se discute acerca de los años de estudios, el no reconocimiento a determinados certificados (como el que se extiende para fines laborales) o se comentan las aprobaciones de exámenes tipo “mármicoc” como se decía en otro tiempo, un hecho trágico nos vuelve a la realidad de los estudiantes comunes y corrientes..

Paulina Almonacid Rivera murió porque su madre se enojó. ¿La causa? Paulina, de solo nueve años, no cumplió la tarea que tenía para vacaciones: leer el libro La Porota. Recordando, quizás, el viejo dicho de que “la letra con sangre entra”, Erna Rivera, la madre, la castigó a golpes. ¿Resultado? “Traumatismo abdominal complicado que le ocasionó la muerte”.

Es una terrible paradoja. El autor del libro, Hernán del Solar, jamás pudo imaginar que su obra conduciría a un desenlace tan trágico. La “Porota” es, en realidad Beatriz María Magdalena de los Ángeles Osorio y CastroViejo. Y en el libro se cuenta la historia de la búsqueda de Mimí, su muñeca. Según los editores (Zig Zag) “esta obra, como todas las de este Premio Nacional de Literatura 1968, destaca por su amenidad, sus personajes y los valores que contiene”.

A Paulina no le interesó la historia. O quizás su único incentivo fueron las –suponemos bienintencionadas- amenazas maternas. El tema podría desarrollarse de muchas maneras diversas: el papel de profesores que consideran necesario aguarle con tareas las vacaciones a sus alumnos, por ejemplo. O la creencia materna de que en este caso el futuro de su hija –¿candidata a alcaldesa, quizás?- pasaba por este libro.

Un sabio profesor en mis años de universidad, Manuel Bianchi, más conocido por su papel como embajador en Inglaterra cuando se decidió que el Campeonato Mundial de Fútbol se realizara en Chile, me dijo una vez que la clave era no leer “obligadamente” un libro. Ello me ha permitido leer desacreditados best-sellers o dejar de lado algunos hitos de la literatura mundial sin sentimiento de culpa. Paulina no tuvo esa oportunidad y creo que deberíamos sacar alguna conclusión: ni el mejor maletín literario, si los peores castigos harán que los niños lean y amen la lectura. Son otros los incentivos que se necesitan y no los hemos desarrollado ni difundido.

Claudia, una estudiante de 23 años, sí leyó “La Porota” en su momento. Y ha escrito en su blog (http://clau-deia.blogspot.com/2008/06/la-porota.html) que: “hay cosas que definitivamente marcan la infancia. Para mí, eso fue "La Porota", una historia que atesoro sagradamente entre los recuerdos más preciados que tengo de esa etapa. Lo más probable es que el mundo de la Porota me haya salvado más de una vez de la locura total, que me haya llevado volando a un mundo precioso todas las veces que necesité, y la que me enseñó a querer a los personajes de los libros como si fueran reales. Incluso, puedo llegar a decir que la Porota fue mi amiga de infancia más querida y que conserva ese aspecto infantil que hace tanto dejé atrás”.

Tal vez quien debió leer este libro –no por obligación- era la mamá de Paulina. Que Dios la perdone.

A. S.
25 de julio de 2008

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