El lector no está indefenso

 

Preguntas ¿Qué hace una vecina de Chicureo si descubre que sus declaraciones a un canal de TV han sido brutalmente tergiversadas?¿O un “rostro” que se considera agredido por un panelista de TV?¿O un corredor de propiedades que quiere aclarar que no es un personaje que está en la cárcel y lleva su mismo nombre y primer apellido?

Las respuestas a estas interrogantes reales no son todas iguales. La vecina del condominio en Chicureo terminó llevando su caso a la justicia debido a los ataques que sufrió en las redes sociales. El “rostro” optó por querellarse en tribunales. El corredor de propiedades reclamó ante el Consejo de Ética de los medios de comunicación al fracasar en su intento por lograr una rectificación.

La experiencia indica que en Chile, como en otros países, la mayor parte del público -lectores, radioescuchas o televidentes- no sabe cómo reaccionar ante los errores periodísticos que les afectan. Unos se indignan: “los periodistas siempre mienten” y amenazan con querellarse, lo que no siempre hacen. Otros acumulan resentimientos y los descargan, por ejemplo, cuando sus hijos les dicen que quieren estudiar periodismo.

Hay, sin embargo, un grupo importante de personas o incluso instituciones que en las últimas dos décadas ha optado por seguir el camino del corredor de propiedades: han presentado una denuncia ante el Consejo de Ética creado en 1991 por la Federación de Medios de Comunicación. Este organismo ya ha adoptado más de 180 resoluciones de distinto tipo, incluyendo el caso de la vecina de Chicureo por el cual Chilevisión fue sancionado por la errada edición de la entrevista. En cambio, el “rostro”, el animador Felipe Camiroaga, quien prefirió recurrir a la justicia, logró –en forma póstuma- que su ofensor tuviera que indemnizarlo.

Aunque el tema es tan antiguo como el periodismo, sólo a mediados del siglo XX se generalizó la idea de que el mejor camino para resolver problemas éticos es la autorregulación.

Pese a que con frecuencia se las sitúa en un mismo plano, es necesario recalcar que la ética y la ley no son lo mismo. Son conceptos que se mueven sobre rieles paralelos, que pueden encontrarse o distanciarse, pero que obedecen a lógicas distintas.

Hace años lo anticipó el primer presidente del Consejo de Ética de los Medios, Arturo Fontaine Aldunate(1):

Siempre hemos planteado que la acción presentada ante este Consejo para nada enerva todas las acciones que pueda tener el afectado ante la justicia ordinaria. De hecho, hay muchos casos en que se ha registrado intervención simultánea y no siempre ha habido coincidencia. Son puntos de vista distintos”.

Esta diferencia entre el análisis ético y el legal, ha sido comentada por numerosos expertos. Tal vez el primero fue el profesor Carlos Soria, en un foro en la Universidad Católica en 1983. En años más recientes reiteraron los mismos conceptos el especialista norteamericano Rushworth Kidder, fundador del Instituto para la Ética Global, y el catedrático y periodista colombiano Javier Darío Restrepo(2):

“El orden jurídico es orden de la comunidad; y el orden ético es un orden de la persona. De aquí, arranca la diferencia, pero también nace el carácter fundante que el orden moral tiene respecto al orden jurídico. No hay que olvidar que la comunidad humana no es sino el efecto de una dimensión personal y que, en consecuencia, la moral es la base necesaria del Derecho”.

Kidder sostiene “que una de las definiciones más útiles de ética es la que dice que es la 'obediencia a aquello que no se impone por ley'. La ética tiene que ver con nuestras propias regulaciones individuales y no es impuesta por una fuerza externa. Es algo muy distinto de la ley, que siempre contempla mecanismos para obligar a su cumplimiento... La autorregulación es la ética. La regulación impuesta, la ley”.

En términos parecidos, Restrepo precisa que “la ética nadie la impone, no nace de una presión exterior sino que es una autoimposición que se da como resultado de una presión interior que Kant describía al hacer alusión a la metáfora de un código o clave vital escrita en el corazón humano. Por eso hablaba de ‘la ley moral en mi corazón.’

Sobre la base de estas afirmaciones, el Consejo ha ido construyendo su “doctrina” acerca de algunos aspectos básicos del ejercicio del periodismo.

Lo siguiente es lo fundamental de su contenido.

El periodismo, en primer lugar, requiere libertad.

Así se ha reafirmado en distintas instancias. Una de ellas es la Declaración de Chapultepec, adoptada por la Conferencia Hemisférica sobre Libertad de Expresión celebrada en México, D.F. el 11 de marzo de 1994. Dice en parte: “Sólo mediante la libre expresión y circulación de ideas, la búsqueda y difusión de informaciones, la posibilidad de indagar y cuestionar, de exponer y reaccionar, de coincidir y discrepar, de dialogar y confrontar, de publicar y transmitir, es posible mantener una sociedad libre. Sólo mediante la práctica de estos principios será posible garantizar a los ciudadanos y grupos su derecho a recibir información imparcial y oportuna. Sólo mediante la discusión abierta y la información sin barreras será posible buscar respuestas a los grandes problemas colectivos, crear consensos, permitir que el desarrollo beneficie a todos los sectores, ejercer la justicia social y avanzar en el logro de la equidad”.

Esta convicción cruza la historia del periodismo. Así lo entendieron los pioneros que desde muy temprano se vieron amenazados desde el poder, cualquier poder. Era, sin duda, una reacción lógica de quienes sentían que se ponían en peligro sus privilegios ante la denuncia sistemáticamente de arbitrariedades y abusos.

Resalta de inmediato una afirmación insoslayable: este derecho tiene como necesaria contrapartida la obligación de responder por cualesquiera excesos y abusos.

La actual Ley de Prensa reafirma estos principios. Aunque se le reconocen ciertas insuficiencias, esta normativa es, en la historia de Chile, la que mejor ha garantizado la libertad de expresión, conforme se explicita en su primer artículo. Fija también las sanciones que se aplican a las infracciones y delitos que se puedan cometer en el ejercicio de dicha libertad. Pero, se debe insistir en como ya está dicho, que de manera complementaria, la Federación de Medios y el Colegio de Periodistas han establecido mecanismos de autorregulación ética.

Valores permanentes pero no estáticos

Esto explica la persistencia en separar aguas entre la ética y la ley.

Según el profesor Restrepo, “los reglamentos, los códigos, las leyes en general son transitorias, referidas a situaciones específicas y cambiantes. Son elementos prescindibles. Los valores éticos, por el contrario son tan permanentes como la naturaleza humana, pero no estáticos. Cada uno de esos valores es un referente de las posibilidades del hombre.

“La ley señala errores, fallas posibles, infracciones o delitos. La ética indica las posibilidades de todo hombre. El lenguaje de la ética encarna la convicción de que el hombre, todo hombre, es un ser posible”.

“La clave –dice, complementando lo anterior, Rushworth Kidder- es entender que un dilema ético se produce por el enfrentamiento de dos valores, no entre un valor y un antivalor: eso es tema de los tribunales de justicia”.

Aunque, como dice la Ley de Prensa, se reconoce la existencia de “normas éticas generalmente aceptadas”, no hay unanimidad al respecto.

Eso explica por ejemplo, por qué el Consejo de Ética de los Medios de Comunicación, optó por no generar un Código. Lo recordó, con motivo de su vigésimo aniversario, Ricardo Hepp, su entonces presidente: “Nunca se elaboró un Código de Ética, que era tal vez lo esperable, porque siempre primó la idea de extraer el principio o la norma de casos que suministra la propia realidad. Así, con resoluciones y dictámenes se fue construyendo una valiosa jurisprudencia, que está disponible para el estudio, discusión y aplicación para todos los medios, para los que trabajan en ellos, y para la sociedad en general, en la página web —www.consejodeetica.cl— de sencillo acceso”.

Esta postura no siempre resulta fácil de entender. Pero ha asegurado que el trabajo del Consejo esté en permanente actualización, velando siempre por las normas del debido proceso y, sobre todo, por la calidad del ejercicio profesional.

 

Abraham Santibáñez
Presidente
Consejo de Ética de los Medios de Comunicación.
Julio de 2013
Publicado en el diario El Mercurio

Notas:

  1. Cuadernos de Información. Universidad Católica Nº 9, 1994. http://comunicaciones.uc.cl/prontus_fcom/site/artic/20050524/pags/20050524162126.html
  2. http://comunicaciones.uc.cl/prontus_fcom/site/artic/20041216/pags/20041216012855.html