Encíclica combativa

El periodista francés Henri Fesquet recogió, hace medio siglo, lo que bautizó como “las florecillas de Juan XXIII”, un conjunto de reveladoras anécdotas del Papa Roncalli. Cuenta que cuando se esperaba la visita de Jacqueline Kennedy, se vio al Papa buscando la fórmula correcta para tratar a la Primera Dama norteamericana: “Excelencia”, “Señora Kennedy”, etc.

El asunto no estaba resuelto cuando ella llegó. El Papa le abrió los brazos para saludarla con afecto y le dijo sin más protocolo: “Jacqueline…

Desde entonces algunas cosas cambiaron en Roma. El sucesor de Juan XXIII, el Papa Pablo VI abandonó la “sedia gestatoria”, la silla en que se llevaba en hombros al Sumo Pontífice. Se consolidaron otros cambios: la Misa ahora se dice en el idioma local y no en latín. Los jefes católicos, que se habían enclaustrado en el Vaticano, empezaron a salir cada vez más lejos. Primero en tren y ahora en avión.

Pero solo con el Papa Francisco se ha retomado la espontaneidad de Juan XXIII. Ha tenido numerosos gestos que rompen la tradicional solemnidad consolidada a lo largo de siglos.

Pero no es solo cuestión de gestos.

Hay algo más profundo como se vio esta semana en la encíclica “Laudato si” (Alabado sea) en la que se refiere a los desafíos que plantea la contaminación ambiental.

Tiene algunas afirmaciones rotundas:

- Se requiere, dice, de “cambios profundos” en los estilos de vida, los modelos de producción y consumo y las estructuras de poder.

- Critica “el rechazo de los poderosos” y “la falta de interés de los demás” por el medio ambiente.

- La Tierra, afirma con crudeza, “parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería”.

- Expresa su convicción de que “a veces puede ser necesario poner límites a quienes tienen mayores recursos y poder financiero”.

Hay más, por supuesto, pero lo interesante es que, en tan breves sentencias, generó contrapuestas reacciones, incluyendo el duro rechazo de quienes se sienten aludidos. No es la primera vez que los católicos conservadores ponen el grito en el cielo. Ya ocurrió con la encíclica social Rerum Novarum de León XIII. Pero nunca hubo tanto enojo, tal vez porque en el mundo previo a la globalización era fácil ignorar los textos “imprudentes”.

Un buen ejemplo de esta reacción lo dio un prominente católico norteamericano, el candidato republicano John Ellis (Jeb Bush), hermano del ex presidente George W. Bush. Dijo: “Espero que el cura de mi parroquia no me castigue por decir esto, pero yo no tomo mis políticas económicas de mis obispos, cardenales o de mi Papa”.

Hace 20 años, Jeb aseguró haberse convertido al catolicismo.

A. S.
Junio de 2015
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas