Juicio a Las Argandoña

 

No fue el primer ataque a Las Argandoña. Seguramente no será el último. Su importancia es que va más allá de las descalificaciones personales. Según la diputada Marta Isasi (ex regionalista, fue elegida como independiente en lista UDI), el escándalo no es culpa de las famosas madre, hija, abuela y otras amistades, sino de Televisión Nacional que recompensa generosamente la exhibición (controlada, por cierto) de sus intimidades: “Hay un malestar de la gente que dice: se están gastando 390 millones por saber la vida de famosos, entre comillas, que no aportan en nada”.

El alto costo, según personeros de TVN, no es inusual en la industria televisiva. Como el éxito no se mide solo en rating, sino también en venta de publicidad, hasta ahora, pese a que la audiencia ha resultado inferior a lo previsto, el docurreality no estaría en peligro.

Pero los cuestionamientos no terminan.

Raquel Argandoña fue, ciertamente, un fenómeno sorprendente en la década de los 80. Físicamente atractiva, mostró desde el comienzo una personalidad fuerte. Nunca mide sus palabras. Tampoco sus reacciones. Parte de su leyenda es que le “paró el carro” a Don Francisco; en esos años no escondió que tenía todo lo que deseaba, “menos amor”; llegó a la Quinta Vergara con un espectacular vestido metálico, pesado y caro. Le soportaban todo... hasta que declaró que tendría un hijo “con o sin libreta” y eso le costó la salida de Canal 13, más católico y más conservador que ahora.

Paralelamente, lo que debería ilustrarnos acerca del comentado mentado docurreality, Raquel Argandoña ha vivido prácticamente en público sus múltiples romances a partir de su matrimonio con el corredor Eliseo Salazar

Pero Kel, Raquelita, fruto de su relación con Hernán Calderón, es, sin duda, su chochera máxima. A ella le celebraron sus quince años en el Castillo Hidalgo, en el Santa Lucía, mismo ruidoso escenario que usó recién el candidato a la reelección como alcalde de Santiago.

Para un periodista como yo, sin embargo, la mayor paradoja de la “popularidad” Raquel Argandoña es su relación de amor y odio con los medios.. Le debe todo al periodismo, no solo a los medios dedicados a la farándula. Pero “ningunea” permanente a los reporteros. Cuando no los ignora, los agrede, como le ocurrió a la joven periodista Daniela Aliste, que trató de abordarla en el aeropuerto.

Es cierto que tiene derecho a guardar silencio frente a la prensa. Tiene derecho a negarse a contestar ciertas preguntas. Lo malo es que no explica ni da argumentos. Y, peor aun, en el caso de la reportera agredida, le dejó la marca de sus dedos en el cuello. Llamada a explicar lo ocurrido en el programa Buenos Días a todos, insistió en que “felizmente la había pillado en buena” y que no estaba arrepentida y que lo volvería a hacer.

Ni la Quintrala original lo habría expresado mejor.

Llevado el caso al Consejo Nacional de TV, se acogió el reclamo y se le pidieron explicaciones antes de pronunciarse. Prudentemente, el Consejo señaló que este paso “no implica prejuzgamiento de culpabilidad”.

Pero podría (¿o debería?) serlo.

 

A. S.
11 de octubre de 2012.
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas