Incomparable París

En mis años en el Instituto Nacional todavía se enseñaba francés en la Educación Media. Gracias a ello, por casi seis décadas me las he arreglado para entender y hacerme entender desde Francia a Tahiti. Mi pronunciación dista de ser perfecta, pero es mejor que el francés de Condorito, cuya gracia consiste en acentuar la última sílaba de cada palabra: Condoritó, por ejemplo.

No sé si fue entre los gruesos muros del viejo edificio institutano, ahora demolido, donde descubrí La Marsellesa. Como no soy muy entonado, trato de pasar colado cuando hay que cantarla. Pero siempre me emociona. De la película Casablanca conservo dos inolvidables imágenes en blanco y negro: Ingrid Bergman despidiéndose para siempre de Humphrey Bogart, y la fuerza con que los clientes del café de Rick cantan la Marsellesa como un simbólico gesto de repudio al régimen pro-alemán de Vichy y la policía nazi.

Eso explica la profundidad del dolor y la angustia causados por los siete atentados del viernes 13 en la capital francesa. Lo siento, como muchos chilenos, como una herida personal. El misterioso atractivo de la Marsellesa, de Francia en general y de París en particular ha sido enfrentado por muchos escritores muchas veces. En su programa de la BBC titulado Civilización, Kenneth Clark se situó en el Puente de las Artes de París y describió el paisaje: “El Instituto de Francia, el Louvre, Notre Dame…. las casas que bordean las orillas del Sena. Por este puente, a lo largo de los últimos 150 años, los estudiantes de las escuelas de arte de París han corrido al Louvre para estudiar las obras que contiene y luego, de vuelta a sus estudios, para charlar y soñar con hacer algo digno de la gran tradición…

Tienen razón mis estudiantes cuando se quejan de que los atentados terroristas en la capital francesa han sido sobredimensionados en la prensa y la TV. Comparan el despliegue de notas, los comentarios, los despachos “en directo” con la parquedad de la cobertura de los sangrientos atentados ocurridos en estos mismos días en Medio Oriente y en el resto del mundo. Encuentran injusto el resultado. Es cierto: cada herido, cada muerto, cada familia destruida, cada ciudad aterrorizada debería importarnos de la misma manera.

Pero hay algo en París que supera cualquier otro lugar. Es su historia, el pensamiento que se ha desarrollado en sus claustros, la belleza acumulada en sus museos, la sabiduría contenida en sus bibliotecas y el vigor de la democracia construida y vivida por sus ciudadanos a veces en duras condiciones.

Es la conclusión, el consuelo y la esperanza de los protagonistas de Casablanca: “Siempre nos va a quedar París”.

Es difícil agregar algo más.

A. S.
Noviembre de 2015
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas