La artillería de Don Isaac

 

Podría ser un tema familiar como los muchos que se sufren diariamente en todo el mundo. Pero esta vez trasciende el círculo íntimo: un padre critica indirectamente a su hijo por lo que le parece una ingenuidad. Papá Isaac, progenitor de Ollanta Humala no vacila en proclamar su convencimiento de que esperar que Chile cumpla un fallo adverso “sería como pedirle a Satanás alas de ángel”.

Faltan apenas unos días para que se conozca el fallo de la Corte Internacional de Justicia de la Haya. Durante años fue un tema lejano en el tiempo y en el espacio. Ahora, en cambio, pese a los llamados a la tranquilidad que se han hecho en Lima y en Santiago, los nervios se crispan, algunos más que otros.

A los chilenos nos llama la atención la actitud triunfalista de medios y dirigentes políticos peruanos. El estandarte lo llevan el ex presidente Alan García y algunos políticos de menor monta que proponen esperar el resultado con, por lo menos, un gran despliegue de banderas. El diputado Jorge Tarud se basa en estos excesos para expresar su sospecha de que el fallo ya se filtró y que sería favorable a las pretensiones peruanas.

La respuesta es que no hay precedentes de filtraciones en la Corte y que, por lo tanto, hay que seguir esperando. Una y otra vez, sin embargo, se reitera extraoficialmente y en la prensa el planteamiento de que en este caso Perú no tiene mucho que perder, ni siquiera si su demanda fuera rechazada por completo. Nuestro país, en cambio, tiene poco que ganar. Desde siempre ha planteado que los actuales límites marítimos responden a tratados que deben mantenerse. Por lo tanto, una “victoria” que confirme lo que hay sólo sería un valioso triunfo moral.

Lo que nadie sabe son los detalles del fallo: ¿Se acepta la petición peruana en su totalidad? ¿Sólo en parte? ¿Qué parte?

Creo que hay una reflexión importante: cualquiera sea el resultado, deberíamos entenderlo como la confirmación del avance de la humanidad la vigencia de la mediación y los tribunales internacionales como alternativa a los enfrentamientos armados.

La guerra es, según la frase famosa de Von Klausevitz, la continuación de la política por otros medios. Es, en realidad, el fracaso de la diplomacia. Un conflicto armado, por limitado que sea, significa muerte y destrucción, como saben bien quienes los protagonizaron en nuestro continente en las últimas décadas: Argentina y Gran Bretaña; Perú y Ecuador, Honduras y El Salvador.

Hasta hoy, desgraciadamente, en muchas partes del mundo se siguen produciendo conflictos armados.

En esa perspectiva, deberíamos mirar como algo muy positivo y no como causa de mayor inquietud el hecho de que los gobiernos de Perú y Chile informen en todas las instancias lo que se puede esperar de La Haya y cómo reaccionar.

Tampoco deberían ser motivo de mayor inquietud algunas expresiones extremas.

Salvo, claro, algunas muy fuera de tono, como la ultima perla de don Isaac: Según él, los chilenos no acatarán la sentencia, “salvo que se estén orinando de miedo”.

 

A. S.
de 2011
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas