El legado de los Kennedy

 

Cincuenta años después del brutal asesinato del Presidente John Kennedy en Dallas, para la gran mayoría de los ciudadanos del mundo entero, resulta imposible imaginar siquiera su enorme atractivo. Tenía buena facha y Jacqueline, su mujer, era elegante y atractiva. Sus hijos, Carolina y John-John, parecían la materialización de una familia ejemplar. Coincidiendo con Camelot, un musical ambientado en los tiempos de de los caballeros de la mesa redonda, buena parte de los ciudadanos norteamericanos estaba convencida de vivir en una época dorada. Y no solo ellos.

Los jóvenes franceses (antes de la revuelta de mayo y junio de 1968) coreaban un lema intraducible: Kenne-un, Kenne-deux, Kenne-trois… hasta llegar a Kenne.dix. Los alemanes lo amaban porque en Berlín había dicho que era un berlinés (“Ich bin ein Berliner”). Incluso este año se reestrenó en Madrid la obra “Los hijos de Kennedy”, una mirada crítica a la sociedad norteamericana de ese tiempo.

No solo se entusiasmaron los europeos. Muchos latinoamericanos se ilusionaron con la promesa de la Alianza para el progreso, adecuadamente anunciada en castellano. Según recordó un comentarista actual: “Nunca otro presidente estadounidense había sido aclamado así por los mexicanos”. Igual en otras partes del continente.

El asesinato fue sentido como una pérdida personal por millones de personas. Pero, tras su muerte se hicieron evidentes las falencias del mito. John Kennedy era mujeriego y es probable que haya tenido un apasionado romance con Marilyn Monroe. Debido a las secuelas de sus heridas de guerra, recurría a los estupefacientes, lo cual le abrió el camino a una compleja relación con la mafia.

En materia internacional su primer error fue darle el visto bueno a la desastrosa invasión Bahía Cochinos. Desde entonces, Cuba se convirtió en su pesadilla. En su gobierno, el mundo estuvo al borde la guerra al enfrentar a Nikita Jrushov por los misiles colocados subrepticiamente en la isla. Kennedy fue también quien escaló la guerra en Vietnam.

Pero, curiosamente, el mito sigue vivo.

Se explica, en parte, por la sombra de un destino trágico que se cierne sobre la familia. En junio de 1968 fue asesinado su hermano Robert, candidato en primarias a la Casa Blanca. David, de 28 años, hijo de Robert, murió por una sobredosis de heroína en 1984, y en 1997 su hermano Michael falleció en un accidente de esquí. En 1994, Jackie murió de cáncer. Años más tarde, John-John murió junto a su esposa en un accidente del avión que pilotaba.

En 1969 Ted Kennedy, hermano menor de JFK, volcó en su auto, accidente en el que murió ahogada su secretaria Mary Jo Kopechne. Ted sobrevivió al accidente y a las habladurías y más tarde se convirtió en una espina clavada en el régimen militar. Su “Enmienda Kennedy” significó que en los tensos momentos del conflicto del Beagle, Chile no pudiera comprar armas. ¿La razón? Su denuncia de las violaciones de los derechos humanos en nuestro país.

Una causa justa pero de alto costo y que pudo tener trágicas consecuencias.

 

A. S.
Noviembre de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas