Victoria a medias

Benjamín Netanyahu proclamó su victoria en Facebook: “Gracias por reelegirme”. Poco antes había urgido –también por Facebook- a sus votantes: “El gobierno del Likud está en peligro, vayan a votar para asegurar el futuro del país”.

Cuando tuvo claro el panorama, tecleó de nuevo: ofreció incluir a Yair Lapid, en “una coalición lo más amplia posible”. Lapid, ex presentador de la televisión, dio la sorpresa: su partido, Yesh Atid (Aquí hay Futuro), fue el segundo con mejor votación.

Eran muchos los factores en juego en esta elección. Por una parte, la nación de pioneros sionistas, que se empezó a construir antes de la “Partición de Palestina” en 1947, devino en una sociedad mayoritariamente consumista. Sin embargo, subsiste –y tiene poder- la minoría religiosa cuyas leyes son las del Antiguo Testamento. El resultado concreto es una gran dispersión de sufragios.

La alianza de Netanyahu (el Likud-Beitenu, la unión con Avigdor Lieberman como socio), sigue siendo la fuerza con más votos (31 escaños). Pero distinto es asegurar su continuidad en el poder. El cómo es lo que está tratando de resolver.

El jueves pasado, el Presidente Shimon Peres, luego de consultar con todos los partidos, le pidió formalmente a Netanyahu que encabezara el gobierno N° 33 de su historia. Tiene casi un mes para lograrlo. Se sabía que no sería fácil, pero las cosas se complicaron más de lo esperado debido a un imprevisto ataque israelí contra Siria. Hisbolá, el aliado palestino de Siria, lo denunció como “un ataque bárbaro

Para Netanyahu, conforme sus primeras reacciones, lo ideal sería combinar fuerzas con Lapid. Pero ello implicaría un cambio profundo en su política. En los últimos años, aceleró la construcción de colonias en Cisjordania y Jerusalén Oriental, lo que molesta a los líderes palestinos y genera críticas de sus socios occidentales. Una investigación de seis meses de tres jueces internacionales por cuenta del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, concluyó recién que estos asentamientos violan la Convención de Ginebra: un estado no puede instalar a su población civil en territorio ocupado. El bloqueo de Gaza, que llevó a un brutal enfrentamiento, tampoco ayuda. Es un hecho que el estado Palestino ha ido ganando terreno en el escenario internacional, incluyendo un reconocimiento no oficial en Naciones Unidas.

Más allá de las fronteras de Israel, hasta el ataque contra Siria su principal desafío era Irán. Pese a que está del mismo lado con Estados Unidos, es muy poco lo que los une. Washington ha presionado inútilmente para moderar la política de Netanyahu, quie se apoyaba en su mayoría de derecha… pero eso podría estar terminando.

Otro problema en esta tierra de paradojas es que la “primavera árabe” puso en marcha un proceso de democratización de imprevisibles consecuencias. Las viejas dictaduras apoyadas por Estados Unidos, permitían un mejor control de la situación. Tras la dura transición actual, el futuro puede ser muy complejo para Israel. Y hay que agregar la gran incógnita siria una vez que termine la guerra civil.

 

A. S.
Febrero 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas