PERIODISMO A TODA RISA

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

El credo:

Creo en el periodismo documentado, con fuentes plurales, oportunas, pertinentes y actuales.

Ejerzo un estilo cuajado de palabras que rescato del habla nacional, de mis lecturas sin bridas, de las voces nuevas. O de aquellas de viejo cuño. De las que vendrán.

Busco en los caminos inaugurales de la tecnología y entre el polvillo de las bibliotecas que almacenan el pretérito.

Rechazo, con énfasis, las invasiones de la intimidad que hacen en los programas matinales de la farándula.

Me incomodan algunos futbolistas jubilados que intentan arrebatar nuestra profesión y caen en reiterados tropiezos idiomáticos. Peor: desconocen la independencia y eso los lleva al abismo de la falta de ética.

Renato González fue un maestro de los cronistas de deportes. Muchos lo censuraban porque no se había formado en las canchas.

Con ironía, él replicaba: “Yo nunca he sido gallina y sin embargo sé cuándo un huevo está bueno o malo”.

Firmaba como Míster Huifa y su prosa caminaba por la excelencia.

Paisajes:

Francisco Saavedra va por “Lugares que hablan”, los sábados en Canal 13 de televisión.

Con la introducción del serio “Polo” Ramírez, seguí su viaje de Talca a Constitución, en el último ramal de la nostalgia.

Añoré ese viaje, porque hace algunos años lo hice a instancia de mi exalumno Felipe Rojas. Me encontré con rústicos cazadores de conejos, quienes ingenuamente me invitaron a acompañarlos a los campos.

Comí huevos con cáscara azul y sabrosas tortillas de rescoldo a medio recorrido.

Saavedra bajó a casas centenarias, dialogó con viñateros y señoras que nutrían sus historias e historietas.

Siempre encontró a “la gente linda del Maule”. Recordé a mi gran profesor de historia Jorge Rojas Díaz, quien me retrató a Jorge González Bastías, reportero, prosista y poeta. Autor de “Misas de primavera”, “El poema de las tierras pobres” y “Del venero nativo”. Pancho Saavedra se detuvo en una estación que lleva el nombre del escritor.

En un lugar aledaño a la vía férrea, de trocha angosta, se deleitó con el “chancho en piedra”. Un apunte: ese estimulante de la gula no lleva cerdo. Debe llamarse chanco en piedra porque sus ingredientes se chancan. Lamentablemente la deformación fonética se consagró y bautizó incluso a un grupo musical.

La alegría:

Saavedra abraza a los campesinos, se enquista un sombrero de huaso, bebe vino oscuro, conversa con el maquinista.

Siempre con su risa sin inhibiciones, acaso exagerada. Pero creo que es el anzuelo para atrapar a los televidentes con su gracia y simpatía.

Él es refrescante. Practica un periodismo gracioso, en el mejor sentido de la palabra.

Descubre recetas mundialmente reconocidas y recorre barricas de las que salen doscientas botellas. Habla con Daniela Lorenzo, enóloga, y ríe sin hormas cuando una perra come uva.

Aplaudo a Francisco Saavedra y su periodismo a toda risa.