COPA DE LAS ESPERANZAS

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

El sorteo de la Copa América nutre de sueños y ensueños.

Crecen las expectativas.

Los rivales parecen abordables.

La delgada geografía chilena se estremece.

En Arica suenan voces de triunfo en el Morro.

En Iquique los pescadores lanzan sus anzuelos y sus redes para capturar optimismo.

En Antofagasta el desierto parece ampliamente florido cuando se habla de las proyecciones para el torneo que se disputará el próximo año en canchas nacionales.

En Tocopilla las poblaciones pobres multiplican los juegos infantiles de Alexis Sánchez, ya el Joven Maravilla.

En La Serena repican las campanas de sus iglesias y aumenta el murmullo de las oraciones por algunas victorias que tal vez pronto vendrán.

En Pichidangui la capilla sobre las rocas percibe el eco de los rezos.

En Valparaíso, los porteños imitan la mesura y la disciplina de David Pizarro.

En San Antonio, la picardía y la fluidez goleadora de Humberto “Chupete” Suazo.

En los barrios aún paupérrimos de la región metropolitana juegan en predios de tierra y rearman las emulaciones de Arturo Vidal, hoy multimillonario y famoso en Italia. O la vehemencia de Gary Medel, fiero en todos los campos del fútbol.

Muchos jóvenes quieren ser como el arquero Claudio Bravo, quien alcanzó la tribuna de la fama en Barcelona, acaso el mejor equipo del mundo.

En Colo Colo y en la Universidad de Chile esperan sueldos con muchos ceros a la derecha y no la miseria en que nació la mayoría.

Aplausos, vueltas olímpicas, portadas policolores en suplementos de deportes.

Antaño los jugadores adquirían cierta fama en el barrio y ahorro para algunos pocos años. Nada más. Hoy, son dueños de caballos fina sangre, departamentos en Italia, España e Inglaterra.

Antes, unos recortes en tablas que dividían las piezas. Ahora, son propietarios de automóviles de gran lujo y conviven con rubias de tinturas brillantes y de exuberancia aumentada con silicona.

La Copa América contiene un trago dulce que todos quieren beber.

La selección de camiseta roja jamás la ha ganado y corren las esperanzas por O’Higgins, la provincia huasa, y Curicó, la tierra de las tortas y el sabor de los vinos tentadores, como en las regiones aledañas.

En Concepción, bajo la lluvia, muchos anhelos para obtener victorias en el torneo continental.

En Temuco, Osorno y Valdivia, entre bosques, volcanes y lagos, capturan ideales para el campeonato que nunca ha entregado la alegría mayor.

Más allá de Chile continental, casi no se juega fútbol.

En Chiloé, Coyhaique y Punta Arenas ya se enfría el fervor, pero la televisión expande el entusiasmo.

El fútbol une, como diría Julito Martínez, aunque a veces hay atisbos de racismo y de discriminación.

Todos anhelan el brindis con la Copa de la Esperanza.