Acto irresponsable y fascista

Columnista invitado: Ricardo Kirschbaum
Editor del diario Clarín de Bueno Aires.

Capitanich escaló a una máxima irresponsabilidad con un acto de violencia simbólica que abre las puertas a que otros la transformen en real. De allí es que el jefe de Gabinete deberá hacerse responsable de la seguridad de cada uno de los periodistas que trabajamos en Clarín.

Rebajar este acto fascista — de eso se trató- a un simple exabrupto de un político que teatraliza a un guapo de barrio es aceptar pasivamente que se degrade a la democracia desde el poder que otorga la Constitución.

Capitanich exagera, y en su afán de interpretar su papel para una sola espectadora ha pasado un límite y, claramente, amenazó al periodismo que no se ha subordinado a la propaganda oficial.

Clarín hoy ratifica las dos informaciones que el jefe de Gabinete intentó borrar destruyendo en público dos páginas del diario, como si en ese acto se podría eliminar lo que al poder no le gusta leer, oír o ver en la televisión.

Las ratifica y aporta pruebas documentales que fueron recolectadas en el departamento del fiscal Nisman, horas después de su extraña muerte. Así como pretendió mentir con la presencia de Timerman en la marcha en repudio al terrorismo en París, cuando el propio ministro admitió que había asistido como un ciudadano y no como Canciller.

No contento con romper dos páginas en público desde un atril de la Casa Rosada, Capitanich planteó que desde ahora la confrontación no será con la oposición, a la que descalificó por inocua y carente de ideas, sino a los medios que no aceptan el guión que baja desde el poder.

Se trata de una declaración formal de guerra tardía porque la hostilidad kirchnerista con los medios y con el periodismo independiente del Gobierno comenzó hace varios años y, ahora, después de esta infausta amenaza, promete nuevos y más agresivos capítulos.

El jefe de Gabinete querría que la temporada veraniega disipara el clima de desazón y temor que genera la falta de respuestas, los interrogantes y las cambiantes hipótesis presidenciales, sobre un crimen que sacude al país.

El Gobierno quisiera que se cierre rápidamente la muerte de Nisman y que la denuncia del fiscal vaya a la vía muerta.

Los periodistas tienen equivocaciones y errores. Eso es indiscutible y hay que incrementar no solo los controles sino los recursos para corregirlos.

No es ese el caso hoy: un diputado nacional, mano derecha de Capitanich, aseguró que “Clarín mata”.

Fue un preludio para que su jefe desenvainara su torpe acto fascista.