Donde se juntan el Cardenal y el gran Maestro

En menos de un mes, el 30 de septiembre, el Instituto de Chile cumplirá 50 años. La celebración incluye una ceremonia en el Salón de Honor del Congreso Nacional en Santiago, ocasión en la cual el académico de número Agustín Squella disertará sobre el tema: “El Instituto de Chile y el desafío de responder a ese nombre”. También se contará con la participación de la Orquesta de Cámara de Chile, que actuará bajo la dirección del maestro Juan Pablo Izquierdo, otro distinguido académico. Se espera la presencia de la Presidenta de la República, Michelle Bachelet.

El Instituto es un organismo casi desconocido para la mayoría de los chilenos. En esas condiciones ¿se justifica el despliegue de fanfarria que se está anunciando?

La verdad es que sus fundadores –el presidente Jorge Alessandri y el ministro de Educación de la época, el doctor Alejandro Garretón Silva- le fijaron una meta ambiciosa: “la promoción, en un nivel superior, del cultivo, el progreso y la difusión de las letras, las ciencias y las bellas artes”.

Su inspiración era el Instituto de Francia, cuyo origen se remonta a Luis XIII y que sobrevivió a la Revolución, hasta su creación oficial en 1795, el 5 de fructidor del año III. Su misión era: “acoger los descubrimientos, perfeccionar las artes y las ciencias”. Hasta hoy se mantiene alojado en un suntuoso palacio en París cuya característica principal es una alta cúpula, situado al frente del Puente de las Artes.

El Instituto de Chile tiene una sede relativamente más modesta, en dos edificios señoriales en pleno centro de Santiago. Allí funcionan las seis academias que lo componen: de la Lengua, de Historia, de Ciencias, de Ciencias sociales, políticas y morales, de Bellas Artes y de Medicina. Esta última no existe en Francia y su aparición se explica porque el doctor Alejandro Garretón Silva, que era médico y ya pertenecía a la Academia de la Lengua, elaboró el proyecto y ejerció su influencia junto con la de otro médico, el doctor Sótero del Río, ministro del Interior de Jorge Alessandri. Es la única academia “profesional”, precisa su actual presidente y presidente también del Instituto, Rodolfo Armas Merino.

Como señaló la periodista María Cristina Jurado en un reportaje en la revista Ya, el Instituto concentra “216 mentes privilegiadas de todas las disciplinas piensan y debaten a Chile y se han constituido en conciencia social y moral de la nación”.

La ley de creación determinó que cada una de las seis academias debe tener 36 académicos “de número” (todos vitalicios), aparte de otros de distintas categorías. Por ejemplo, el Papa Juan Pablo II es miembro de honor de la Academia de la Lengua. No se trata, sin embargo, de organismos confesionales ni mucho meno: la Academia de Ciencias Políticas tiene entre sus miembros actuales, a un Gran Maestro de la Masonería (Luis Riveros) y al cardenal emérito Francisco Javier Errázuriz.

Los intereses son ricos y variados. Se advierte una preocupación, reflejada en diversas instancias, sobre temas fundamentales: el futuro de la sociedad del conocimiento, el emprendimiento en Chile, los desafíos de la educación y los valoras en la sociedad chilena, etc.

Pero todavía le falta peso en la sociedad chilena.

En un reportaje para la revista Ya, la historiadora Teresa Pereira resumió la situación de su Academia, la de Historia:

-Me gustaría que su voz se hiciera presente en la contingencia y que veláramos por que se entregue información histórica veraz. Nos hemos hecho presente en programas de televisión que han hecho series sobre los héroes de nuestra Independencia, seriamente distorsionados. En cada caso hemos recibido una invariable respuesta: “Hay que respetar la creación artística del director”. ¡Pero esa es la historia de Chile que se aprende a nivel masivo!

Otro punto negro es la escasez de mujeres.

Las hay y son brillantes (la astrónoma Teresa Ruiz, la filósofa Carla Cordua, la escultora Francisca Cerda, distinguidas doctoras, la historiadora Teresa Pereira, la ensayista Adriana Valdés y varias más, hasta llegar a casi 30), pero todavía como señaló la periodista Jurado, el Instituto es “de aires lejanos y (está) en el olimpo de la intelectualidad nacional”.

Hace dos semanas, en un encuentro con el ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, el directorio del Instituto le habló de sus proyectos y esperanzas. Para respaldar lo realizado, mostró el impresionante número de académicos (casi 140) que han recibido algún Premio Nacional; la revista Anales, que condensa cada año lo más distintivo del trabajo de las academias (las cuales, además, tienen boletines propios), y el extenso programa que ya está en desarrollo, que incluye conciertos, seminarios, exposiciones y charlas.

Fue un valioso encuentro que debe permitir que el Instituto de Chile recupere el papel que le asignaron sus creadores:

Abraham Santibáñez
Miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua
Secretario General del Instituto de Chile