El impetuoso Paulsen

 

El incidente en el cual el periodista Fernando Paulsen acusó de mentir al pre-candidato Pablo Longueira tiene implicancias varias, algunas más profundas que otras. Confirma, también, la perversa facilidad con que se revierten las opiniones en las “redes sociales”. Igual que en el caso de Inés Pérez, la vecina de Chicureo tergiversada en un reportaje de Chilevisión, los primeros tuiteos se ensañaron con Longueira. Pero, tal como ocurrió con doña Inés, luego que se supiera que el Servel había entregado una información equivocada, la ira cambió de dirección.

El viraje la desató el propio ex ministro: “Amigos, La fecha de mi primera inscripción fue el 20 de Noviembre de 1987 en Santiago”. Paulsen pasó en ese momento de periodista ejemplar a cazanoticias sin escrúpulos. Lo planteó “Guillermo Vergara P.@guillevergarap”: “Impresentable falta de ética y profesionalismo de Paulsen, mentir emplazando públicamente a @Pablo Longueira. Denota la política de trincheras”. Otro usuario, Juan P. Mandaleris, reforzó el argumento: “Longueira la embarró por titubear. Paulsen por mentir. Prefiero titubear a ser mentiroso, irresponsable, falso y falto de profesionalismo”.

El visible desconcierto inicial de Longueira, es parte de un necesario análisis ético. El video lo ha mostrado afectado, confundido ante una afirmación enfática. Solo hay un precedente similar: el duro momento que sufrió en pantalla el periodista Jorge Andrés Richards enfrentado a la grabadora Kioto de Ricardo Claro en 1993.

En ninguno de los dos casos hubo advertencia previa. Tanto Claro como Paulsen se confiaron en un material recibido. Claro lo dio a conocer reclamando que la independencia de su canal (Megavisión, hoy Mega) estaba en peligro. Paulsen alude a la inscripción tardía de Longueira porque percibe una inconsecuencia entre el discurso del precandidato y la realidad. Es el tipo de situaciones que puede dañar una carrera hacia la presidencia. Este “golpe” informativo pondría en un mismo nivel dicha falta eventual y los graves problemas que derribaron a Golborne.

Paulsen se ha instalado en el periodismo como parte de una generación que goza de credibilidad por su profesionalismo. Es el tipo de prestigio que hay que cuidar. ¿Por qué se equivocó? La explicación más simple es que confió en una información oficial. Aunque no fue él quien requirió el certificado, no tenía razón alguna para poner en duda el dato del Servel.

Ahora sabemos que en esta materia ya no hay certezas. En los últimos meses vimos que no se puede confiar en los datos del censo, de la ficha Casen, de las cifras de victimización o de la inflación.

Paulsen actuó correctamente al usar el dato que tenía. Pero, creo yo, donde se equivocó fue en la violencia con que emplazó a Longueira. El hacer una denuncia y condenar sobre la marcha al denunciado, es una mala práctica periodística.

En estos tiempos de polarización en una campaña electoral que ya está desatada, un poco más de prudencia habría sido recomendable.

 

A. S.
10 de mayo de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas