Maestro de humanidad

Los nietos, entre muchas lágrimas y no pocas sonrisas, rindieron el mejor homenaje a Guillermo Blanco en sus funerales. No sólo reconocieron sus méritos como abuelo, escritor, pensador y observador de nuestro entorno, sino, sobre todo, su abrumadora calidad humana.

Es que, como ningún otro contemporáneo que no haya tenido un cargo público relevante, Blanco ha sido ensalzado como una persona íntegra, buena y de intachable conducta ética. Como escribí hace un tiempo, “prolífico escritor, Blanco es, sobre todo, un humanista y un cristiano que utilizó sus herramientas intelectuales en la lucha contra la dictadura y en defensa de los derechos humanos”.

Nieto de españoles por los cuatro costados”, profesor universitario, Premio Nacional de Periodismo, miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua y correspondiente de la Real Academia Española. Humanista, jugó en una multicancha, como periodista y como escritor, pero –insisto- sobre todo como defensor de la dignidad de las personas.

En su extensa producción, Blanco cultivó el humor de manera destacada. Empezó con “Placeres prohibidos” (1976) y “Ahí va esa”, recopilación de comentarios en La Voz. Luego entró de lleno en la senda del humor político con sus columnas “La vida simplemente” y “Página en blanco”. Publicadas durante veinte años, sucesivamente en Ercilla y Hoy, dan cuenta de una preocupación recurrente. En 1962, junto a Carlos Ruiz-Tagle, Blanco escribió “Revolución en Chile”, novela humorística concebida desde la perspectiva de una periodista “gringa”, Sillie Utternut, de visita en un exótico país sospechosamente parecido al nuestro. En esta misma línea en 1997, publicó “El joder y la gloria”. Irónica, divertida, conmovedora a veces, relata las peripecias de una estudiante de periodismo en práctica en un canal de televisión.

Conocía de cerca el periodismo y el trabajo en revistas y canales de TV. Pero, en ese campo, su aporte más relevante fue la enseñanza. Por ello fue reconocido como el mejor profesor de la Universidad Diego Portales por la Fundación Gabriel & Mary Mustakis.

Pero un maestro no es sólo alguien “buena persona”, que Guillermo lo era. Un maestro es, sobre todo, un ejemplo de vida y consecuencia. Blanco puso permanentemente en práctica valores fundamentales como la libertad y la solidaridad. En su defensa empeñó su mejor capacidad: su pluma vibrante y clara. A la que habría que agregar calificativo adicional: delicadamente irónica. Esta visión suya de la labor periodística lo resumió magistralmente en el texto “Ser periodista”:

Dice en parte:

“Ser periodista es ser testigo de la vida desde dentro de la vida. Es emplear los medios de la técnica y la ciencia para compartir entre todos lo que aportan el esfuerzo, la imaginación, la inteligencia, la generosidad o la emoción. Es ayudar a hacer comunidad con la diversidad que se comparte.

“Ser periodista es saber que el presente es historia que vivimos y construimos entre todos y es ayudar a que la hagamos más fácil y mejor”.

A. S.
27 de agosto de 2010
Publicado en los diarios El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas