Los rumbos de la filosofía

En la intimidad familiar, Humberto Giannini trataba a su esposa, la profesora María Luisa Eguiluz, como “eguiluisita”. Giannini, quien murió el miércoles pasado, había recibido abundantes y merecidas distinciones. Entre ellas el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales (1999), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de París, la Dirección de la Cátedra Unesco en nuestro país; era miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua, Profesor Emérito de la Universidad de Chile (2012), y Premio Altazor de Ensayo por su obra “La metafísica eres tú”. Sin embargo, como lo prueba este apelativo cariñoso, nunca perdió la sencillez ni la cordialidad.

Su rostro, permanente marcado por su juventud como marino mercante, fue siempre acogedor. Es posible, sin embargo, que su calidez se acrecentara en la medida en que, como se recuerda en la página web de la Universidad de Chile, “hizo suyos conceptos como la tolerancia, la convivencia comunicativa, la reflexión diaria, la condición humana de pasante, las rutinas, los periplos, las pausas y las conversaciones”.

Su camino estaba en la filosofía. “Estudié porque algo me decía que los problemas de la vida no los solucionaba la ciencia y sí la filosofía, y afortunadamente era gratuita, así que los padres podían decir que no, pero de todas maneras uno podía estudiar lo que quería”.

Giannini reconocía que, hasta “antes de la Junta (militar establecida en 1973), no tenía una posición política... La filosofía tiene muchos rumbos, y el mío no era la política. Era la reflexión, no la acción, todavía”. Pero lo que ocurrió en la Universidad de Chile y a numerosos colegas, lo cambió radicalmente y como sostuvo en una de sus últimas entrevistas, tomó entonces una clara posición: “Anti gobiernista, anti dictadura”.

Más allá de su fuerte denuncia de los excesos de la dictadura, Giannini apuntaba a la necesidad de la ética como tarea cotidiana. Y, por ello, como lo explicó en más de una oportunidad en la Academia de la Lengua, valoraba la comunicación. Y temía que la tecnología pudiera conspirar en su contra:

Hay imágenes de personas que están en un banquete y nadie está conversando, todas están mirando hacia abajo. Eso supongo que no es comunicación, sino anti comunicación. Ese es uno de los efectos negativos del poder de la comunicación a la distancia. Antes era un problema la distancia física, hoy es difícil comunicarse porque hay algo de por medio… La comunicación como vínculo con los otros… para vincularse como seres humanos, es un tema ético, porque la comunicación es un campo de la ética”.

Fue su preocupación a lo largo de toda su vida. Y por ello hoy lamentamos su fallecimiento.

A. S.
Noviembre de 2014
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas