Gaza: mal pronóstico

En el comienzo de la Era Cristiana, en Jerusalén, a no muchos kilómetros Gaza, Herodes ordenó matar a todos los recién nacidos. Su objetivo era impedir una eventual rebelión encabezada por Jesús. Ya sabemos que su empeño no tuvo éxito, pese al infinito dolor de miles de madres y padres a quienes les arrebataron sus hijos.

El recuerdo es obvio frente a las largas dos semanas en que Israel primero bombardeó y luego invadió Gaza.

En la primera semana, entre el 8 y el 18 de julio murieron 39 niños, 24 mujeres y 11 adultos mayores entre más 200 víctimas fatales. Después de un fracasado intento de tregua, vino un ataque que costó la vida a cinco niños. Luego, la desigual batalla continuó por tierra. Por lo menos cien mil personas recibieron la advertencia de que, por su seguridad, debían salir de sus casas en el norte de la Franja. Más de mil murieron en los días siguientes.

Hasta ahora han sido inútiles los llamados al cese de hostilidades provenientes de todo el mundo.

El Consejo de Seguridad de la ONU –presidido por Eugene Richard Gasana, el embajador de Ruanda- expresó su “seria preocupación por la crisis en Gaza y por la protección y por el bienestar por los civiles de ambos sectores”. Por su parte, la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Navi Pillay, cuestionó la legalidad de las acciones militares israelíes en Gaza.

Nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores formuló “un llamado a todos los actores involucrados a establecer una tregua y a respetar el derecho internacional humanitario, evitando una agudización del conflicto”… “Chile suscribe el llamado del Secretario General de las Naciones Unidas, para una solución… que permita la convivencia pacífica de Israel y Palestina, con fronteras seguras y reconocidas internacionalmente”.

El episodio actual empezó con cuatro muertes que no deberían haberse producido.

Según el internacionalista Mauricio Meschoulam, “los eventos detonaron a raíz del secuestro de tres jóvenes estudiantes israelíes, a manos de un comando que Israel atribuye a Hamas, que lo niega, pero el secuestro y posterior asesinato de estos jóvenes, desató la ira en gran parte de la población israelí… Después, un grupo de israelíes extremista secuestró a un joven palestino y lo quemó vivo”.

En la que por siglos se ha considerado Tierra Santa, se vive un drama marcado por el peor pecado: el odio. En este territorio han repercutido injusticias, venganzas y abusos cometidos en lugares lejanos. Es una insensata acumulación de desencuentros violentos en que nadie gana y todos pierden.

Ello explica por qué los augurios son cada vez más negativos.

A. S.
Julio de 2014
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas