Fracaso de los súper poderes

Fue una serie inédita porque no era ficción sino realidad y que estremeció a Estados Unidos y al mundo entero. El choque de dos aviones de pasajeros contra las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York, el impacto de otra nave en el Pentágono y la caída del vuelo 93 en Pensilvania, tuvo un aterrador resultado de 2996 muertos, incluyendo 19 terroristas de Al Qaeda, y pérdidas estimadas en diez mil millones de dólares.

En fulminante reacción, George W. Bush, impuso por decreto y mediante leyes aprobadas en el Congreso, un conjunto de medidas sin precedentes. El paquete incluyó la Ley de Seguridad Doméstica y la USA Patriot Act, para “detectar y perseguir el terrorismo y otro delitos”. Igualmente se reforzó la Agencia Nacional de Seguridad dotándola de amplios poderes. La ANS quedó facultada para vigilar “mediante escuchas telefónicas y de correos electrónicos las conversaciones entre Estados Unidos y personas en el extranjero”.

Desde el principio, grupos de Derechos Humanos hicieron ver sus aprensiones, sosteniendo que el resultado sería peor que los males que se quería evitar. Reiteraron esta visión después de la guerra del Golfo, mostrada inicialmente como un triunfo. Lo mismo ocurrió en Afganistán. Tampoco hubo victoria en Libia. Ahora el Estado Islámico se ha convertido en un poder supranacional que controla amplios territorios en Irak, Siria y Libia.

El gran esfuerzo ha tenido resultados muy precarios. En Irak murieron 4.500 norteamericanos y poco menos de la mitad (2.150) en Afganistán, en total casi el triple de los muertos el 11 de septiembre.

Esta sensación de fracaso explica, sin duda, por qué el Congreso de Estados Unidos, aprobó suavizar los súper poderes de la Agencia Nacional de Seguridad.

Es un paso positivo, pero claramente insuficiente. No compensa, por cierto, los sacrificios.

A. S.
Junio de 2015
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas