Filippi, periodista de la vieja guardia

No alcanzó a cumplir los 86 años. El periodista Emilio Filippi Murato los cumplía el 8 de noviembre. Estaba apartado del “mundanal ruido” desde hace tiempo. Pero, por décadas, la suya fue una brillante carrera.

Fue director de los diarios El Sur y La Época y de las revistas Ercilla y Hoy. Recibió variadas distinciones en Chile y en el extranjero, la más importante de las cuales fue el Premio Nacional de Periodismo (1972). Fue presidente del Colegio de Periodistas y profesor en las universidades Católica, Andrés Bello, Uniacc y Diego Portales.

Poco trascendió de sus últimos años. Pero nunca se olvidó su gran contribución al periodismo y a la defensa de la libertad de expresión.

Como periodista, se desempeñó en su ciudad natal, Valparaíso, en Concepción y en Santiago.

En 1960, cuando dirigía el diario El Sur, protagonizó una inolvidable lección de apego al deber. En mayo, tras el violento sismo que precedió al cataclismo de Valdivia, se empeñó en recuperar el diario lo antes posible. Así se recordó lo ocurrido en el matutino penquista:

Saltando por encima de escombros y equilibrándose en medio de las interminables réplicas, llegó esa mañana a la esquina de Freire y Colo Colo. Había salido de su departamento tan pronto como pudo. El panorama era impactante en las calles, pero también al interior del diario. Había una galería de vidrios sobre el taller de impresión, dijo. Todo eso cayó sobre la máquina de prensa. Se veía que no había posibilidades de una pronta habilitación. Era difícil la situación, pero nuestra determinación fue: ¡El diario hay que sacarlo como sea! Los periodistas, linotipistas... todos los funcionarios estuvieron a primera hora trabajando con ese propósito”.

Con el personal de la prensa se hizo un notable trabajo para dejar habilitado el taller. Hubo 150 temblores entre el primer terremoto en Concepción y el del otro día a las 15.15 horas, con epicentro en Valdivia. Los linotipistas debían pararse durante cada sismo y sujetar las enormes y pesadas máquinas.

El diario salió entre las 2 y las 3 de la tarde. La comunidad lo esperaba ansiosamente. “Violento Terremoto Asoló a Concepción”, decía el título del domingo 22, a todo lo ancho de la primera de cuatro páginas con impactantes testimonios y fotografías.

Al año siguiente la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, le entregó al diario y a su director, en reconocimiento por este esfuerzo, el premio “SIP Mergenthaler”.

Contra la dictadura

Pero lo que marcó la vida profesional de Filippi fueron, sin duda, sus batallas en defensa del periodismo en todo tiempo, en especial durante la dictadura.

En Ercilla/Hoy, en los años 70 y 80, encabezó un equipo de periodistas, mayoritariamente jóvenes, que exasperaba permanente y profundamente al gobierno del general Pinochet. Las denuncias acerca de las violaciones a los derechos humanos y la política económica preconizada por el régimen molestaban a las autoridades. Siempre se reconoció que tenían sólida base y estaban respaldadas por entrevistados inobjetables. Las publicaciones que Filippi dirigió entonces, especialmente la revista Hoy, cumplieron con su promesa de ser “una luz de esperanza”.

El precio fueron amenazas y querellas, que en un tiempo se sintiera obligado a llevar consigo un billete de cien dólares por si era puesto abruptamente en la frontera. No era mucho pero le serviría –reflexionaba- para llegar donde gente amiga que siempre estuvo dispuesta a acogerlo en el exterior.

No fue necesario. Pero, luego del retorno de la democracia, ese valeroso esfuerzo periodístico no tuvo la recompensa que muchos esperaban. Hoy y La Época debieron cerrar sus puertas por falta de apoyo. Las figuras de la oposición, como ha dicho el norteamericano Ken Dermota en su libro “Chile inédito”, prefirieron hablar para los medios más tradicionales que aquellos que los habían salvado del olvido a partir de 1973. Es justo recordar también que la caída del Muro de Berlín y los cambios en el contexto internacional privaron abruptamente a esos medios contestatarios de cualquier apoyo financiero externo.

El Presidente Aylwin nombró a Emilio Filippi embajador en Portugal, como un reconocimiento a su esfuerzo a favor de la democracia y la libertad. En Lisboa tuvo un accidente vascular y regresó a Chile donde continuó –por un tiempo relativamente breve- con sus clases de Ética, hasta que finalmente inició la retirada definitiva.

Su pensamiento

Sigue vigente, sin embargo, su vasta obra, resumida en una docena de libros. Varios de ellos se enfocan al tema de la Ética Periodística que fue desarrollando desde sus tiempos en el Colegio de Periodistas cuando fue el primer presidente del tribunal de Ética. En los años 60 impulsó en la Universidad Católica la transformación del curso de Cultura Católica en la asignatura de ética profesional.

Según una investigación de un discípulo, el periodista Luis Marchant, por lo menos diez artículos suyos permanecen hasta hoy en el portal electrónico Sala de Prensa, en su mayoría dedicados al tema de la responsabilidad ética de la información y el periodismo.

En estos textos apunta permanente a equilibrar libertad y responsabilidad, un desafío constante en el periodismo. Lo resumió hace unos años en un seminario del Colegio de Periodistas en Pucón. (“Problemas éticos en el periodismo del Chile actual”):

Quienes me conocen saben que jamás pediría que se restrinja la libertad de expresión ni se disminuya los fueros del periodismo. Pero, con la misma convicción, debo insistir aquí en la necesidad de que los periodistas sepamos asumir la responsabilidad por nuestros actos y que fortalezcamos los órganos reguladores de las conductas éticas de quienes tienen la hermosa y significativa misión de informar, orientar y defender los derechos de las personas en una sociedad democrática. Los periodistas debemos dar el ejemplo, si queremos que nuestro país sea en forma progresiva cualitativamente mejor. Es el aporte que le debemos a Chile, y que el país espera de nosotros, en momentos en que a nuestros difíciles problemas económicos emergentes se agrega un serio deterioro moral en nuestras costumbres”.

A. S.
Agosto de 2014