El legado de Emilio Filippi

De las muchas lecciones que deja la vida del periodista Emilio Filippi, creo adecuado destacar su inmenso amor a la libertad. No es algo exclusivo: en Chile, desde los tiempos de fray Camilo Henríquez, los profesionales de la comunicación han sido incansables defensores de la libertad y, en especial, de la libertad de expresión.

Ha habido matices en esta materia, pero en definitiva, como se demostró en múltiples ocasiones durante la dictadura, la mayoría de los hombres de prensa tiene esa convicción inscrita en su ADN.

Filippi no hacía concesiones: en sus comentarios y editoriales denunció de manera implacable los abusos, tanto de izquierda como de derecha en todo el mundo. Lo mismo hizo respecto de los atentados contra la libertad de expresión bajo el régimen militar.

Ello le valió duras críticas y no pocas amenazas. Se ha recordado en estos días que la amenaza real de que fuera detenido y expulsado del país sin derecho a apelación, lo movió a llevar permanentemente consigo un billete de cien dólares para atender sus necesidades básicas. Los medios que dirigía fueron castigados con una sequía publicitaria, independientemente de su calidad o de sus niveles de circulación. Pero no claudicó.

Por el contrario, no vaciló en salir al escenario mundial para defender el derecho de los periodistas a entregar “la verdad sin compromiso”. En este campo fue un predicador incansable. Y se convirtió en un maestro oara generaciones de colegas y estudiantes de periodismo. Contribuyó a la creación de la primera carta de Ética de los periodistas chilenos, antecesora del actual Código de Ética del Colegio de Periodistas.

Su vasta obra, resumida en una docena de libros y horas de clases, sigue vigente.

En sus textos apuntó siempre a la búsqueda del equilibrio entre libertad y responsabilidad. Lo veía como un desafío constante en el periodismo.

Así lo resumió hace unos años en una charla titulada Problemas éticos en el periodismo del Chile actual:

Quienes me conocen saben que jamás pediría que se restrinja la libertad de expresión ni se disminuya los fueros del periodismo. Pero, con la misma convicción, debo insistir en la necesidad de que los periodistas sepamos asumir la responsabilidad por nuestros actos y que fortalezcamos los órganos reguladores de las conductas éticas de quienes tienen la hermosa y significativa misión de informar, orientar y defender los derechos de las personas en una sociedad democrática. Es el aporte que le debemos a Chile, y que el país espera de nosotros, en momentos en que a nuestros difíciles problemas económicos emergentes se agrega un serio deterioro moral en nuestras costumbres”.

Por último, es necesario recordar la capacidad de Emilio Filippi para generar confianza en el equipo con el que trabajaba, Ello se demostró fehacientemente cuando la situación en Ercilla se hizo insostenible y la mayoría de los periodistas, administrativos y auxiliares optó por renunciar, sin derecho a indemnización.

A. S.
Agosto de 2014
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas