EL MAESTRO DE LA ÉTICA

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello, periodista

Silencio.

Los árboles dormitan en el traspatio de la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica. Es una casona señorial, en San Isidro 560.

Salas austeras en el segundo piso, una capilla grande y sigilosa frente a la entrada.

Octavio Marfán enseña las claves de la fórmula informativa; Guillermo Blanco nos alienta en la pureza del idioma; Nicolás Velasco del Campo en la vivacidad de los tabloides.

De pronto, ingresó Emilio Filippi Muratto, doctoral, solemne, casi predicador.

Nos preguntó: “¿Qué es la ética?”.

Algo tímidamente levanté mi mano derecha y dije: “La ciencia de los actos libres”.

¡No!”, replicó, con énfasis.

Me desconcerté.

La definición me la dio Ernesto Torreblanca Jiménez, gran amigo y excelente profesor de filosofía.

Admiré su sobriedad, coherencia y valentía.

Militante irrenunciable de la Democracia Cristiana, no desequilibró su independencia.

La flecha roja se domicilió siempre en su corazón.

Me premió con excelentes notas.

Antes de egresar, comencé a trabajar en la revista “7 Días”, como subdirector. El director era Fernando Reyes Matta.

Emilio Filippi coordinaba para la editorial Zig Zag el conjunto de publicaciones semanales.

Nació en Valparaíso y comenzó muy temprano en esta profesión amada.

Cuando lo conocí ya había sido director de “El Sur” y “Crónica” de Concepción, donde fue sucedido por Iván Cienfuegos Uribe.

Don Emilio rediseñó “Ercilla”, en formato y contenido. Inició allí el periodismo interpretativo, en conjunto con mis maestros Guillermo Blanco y Abraham Santibáñez, entre otros.

Casi ingenuamente, con Hernán Millas, publicó un libro muy crítico de la Unidad Popular, régimen del que fue opositor. No obstante, poco a poco conoció las atrocidades cometidas por la dictadura militar y el semanario tomó tintes de denuncia y autonomía.

Un grupo proclive al gobierno de Augusto Pinochet compró la revista y le aseguró que respetarían su libre manejo profesional.

Cuando advirtió que no era así, se fue -nos fuimos- y tiempo más tarde se fundó “Hoy”.

Las estadísticas son frías e impersonales. Dicen poco sobre las personas.

Emilio Filippi redactó la primera carta de ética, presidió el Colegio de Periodistas, ganó el Premio Nacional y otros internacionales.

Fundó el diario “La Época”, que siguió el modelo de “El País”, de España, para mí el mejor en idioma castellano. Su calidad e independencia destacaron en el medio nacional. Pero las agencias de publicidad no generaron avisos para ese periódico, que tiempo después desapareció. Dejó una huella interesante, culta y noble.

En la hora de la partida de don Emilio, lloro y rezo por este excelente maestro de la ética.