Referencia moral del periodismo chileno

Columnista invitado: John Müller

Emilio Filippi Muratto fue uno de los periodistas más completos del siglo XX en Chile: fue editorialista, director, profesor de ética, diplomático... Pero su trayectoria está unida a la creación de dos periódicos que desafiaron la censura de Augusto Pinochet: la revista Hoy, en 1977, y el diario La Época, en 1987.

Descendiente de inmigrantes genoveses, Filippi empezó muy joven, con 14 años de edad, en un diario de la pequeña localidad de Villa Alemana. También desde muy joven se declaró simpatizante de la Democracia Cristiana, pese a lo cual su imparcialidad profesional nunca fue cuestionada. En 1956, con 28 años, fue designado director del diario Crónica de Concepción. En 1968 fue nombrado director de la revista Ercilla, un semanario forjado en la década de 1930 y 1940 por el talento del periodista español José María Souvirón y el peruano Manuel Seoane. Ercilla alcanzó una enorme popularidad bajo la dirección de profesionales como Lenka Franulic (1960), la primera mujer periodista en Chile, pero a finales de la década había perdido influencia. Filippi la reformuló al estilo de los newsmagazines norteamericanos, adoptando la llamada “fórmula Time” que había estudiado en EEUU su colaborador Abraham Santibáñez.

Filippi era muy celoso de la autonomía de su redacción y consiguió, al aceptar la dirección, que el propietario de Ercilla, Sergio Mujica, se comprometiera por escrito a respetarla. “Es bueno que se deje en claro que es el director junto a su equipo de periodistas los que fijan la línea y que no es la empresa que, de acuerdo con el viento, cambia de orientación”, dijo Filippi en 1999 a las autoras del libro Hoy: 1.108 ediciones con historia.

El semanario fue muy crítico del gobierno de Salvador Allende, pero tras unos meses a la expectativa después del golpe de Estado de septiembre de 1973, comenzó a informar de los abusos y violaciones a los derechos humanos que Pinochet intentaba acallar. Sus informaciones fueron cada vez más críticas y los militares acentuaron su presión sobre los dueños. En septiembre de 1976, Mujica vendió en secreto la revista. Filippi se sintió indignado: “Nos vendió como quien vende una finca y los periodistas éramos las vacas”. Lo que más le molestaba es que no se la ofrecieran a sus propios redactores.

La historia estaba escrita: los nuevos dueños no tardaron en acorralar al director. En enero de 1977, Filippi renunció. Y con él, todos los periodistas, fotógrafos, diseñadores, documentalistas y algunos empleados administrativos hicieron lo mismo en solidaridad. La fallecida Patricia Verdugo recordaría: “Sonreíamos mientras las máquinas escribían las renuncias, con las teclas en un coro de sonidos que eran un himno a la dignidad”.

Los lectores de Ercilla decidieron ofrecer una cena de homenaje a Filippi en el restaurante El Parrón de Santiago. La convocatoria se transformó en un acto clandestino de repudio a la dictadura cuando la represión militar era durísima. Llegaron más de 400 personas. Filippi recordaba: “Esa gente no venía a darme el pésame, venía a alentarme”. Así que sobre la marcha cambió su discurso y anunció que él y su equipo crearían la revista Hoy, la cual nació el 1 de julio de 1977.

Nosotros creemos que el periodismo debe ser claro y nítido. Valiente si es necesario, pero siempre bien intencionado... Ese periodismo es incompatible con los grupos (económicos) porque la idea de la libertad de prensa es incompatible con el monopolio”, dijo Filippi. Y agregó: “Cuando uno debe autoamordazarse para no tocar intereses. Cuando a las restricciones de la superestructura hay que agregar las propias limitaciones que surgen de la necesidad de conciliar las pequeñas causas de todos quienes tienen algo que ver con la propiedad, se convierte la tarea periodística en un sarcasmo... ¡Por eso hemos preferido recuperar nuestra autonomía!

Durante muchos años, Hoy fue la única revista independiente en Chile ya que los militares, cuando advirtieron que existía un vacío legal, impidieron la creación de nuevos medios de comunicación sin su permiso. La revista dirigida por Filippi sería el único medio que informó de las violaciones a los derechos humanos y fue “un soplo de aire fresco” para los exiliados y los opositores además de un instrumento que permitió la recuperación de la democracia en el país. La redacción de Hoy enfrentó con gran valor las amenazas de clausura de la dictadura y la censura previa a la que fue sometida en 1984-85.

La tarea de Filippi fue reconocida con el Premio Rey de España de Periodismo y el Maria Moors Cabot de la Universidad de Columbia. En los años 90, los gobiernos democráticos lo designaron embajador de Chile en Portugal.