Festival de perdones.

 

Al principio –por lo menos del punto de vista oficial- fue pura y simplemente una “celebración”. Más aun: se festejaba una “gesta patriótica”, equiparable al 18 de septiembre de 1810. Después hubo protestas y represión. Más tarde, en democracia, se buscó la manera de saltarse el día “11” en el calendario de septiembre.

De manera inédita, los 40 años del golpe militar se han convertido en esta oportunidad en un festival de peticiones de perdón. El Presidente Piñera agregó una nota personal cuando reprochó específicamente la actuación del poder judicial y de la prensa.

El Poder Judicial no estuvo a la altura de sus obligaciones y desafíos. Pudo haber hecho mucho más…” Igualmente “los medios de comunicación podían haber investigado la realidad en materia de derechos humanos con mucho más rigor, con mucha más profundidad y no quedarse con la versión oficial del Gobierno militar”,

La denuncia apunta a gestos que aparecen como necesarios. Pero su materialización es compleja. Igual que la ceremonia oficial en La Moneda este lunes, se desdibujan cuando se plantean en términos vagos e imprecisos.

Pedir perdón no es fácil. Según la doctrina cristiana, el perdón se pide y se obtiene de Dios. Y requiere de un reconocimiento previo (la confesión). Lo planteó el evangelista san Juan: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

En el uso corriente, pedir perdón no solo se refiere a la relación de los creyentes con Dios, sino también entre los seres humanos: "Cuando se pide perdón en el fondo del alma, siempre ayuda”, señaló el senador Mariano Ruiz-Esquide. Agregó, sin embargo, un aspecto polémico: “Más que valorar a los que piden perdón, me duele en el alma que haya chilenos y chilenas que se permitan decir con mucha violencia, 'no pido perdón para nada, porque no tengo que pedir perdón porque no tenía conciencia en ese tiempo porque tenía 15, 20 o 18 años”.

En definitiva, antes de pedir perdón, es indispensable aclarar culpas y responsabilidades. Ese es un proceso personal (quizás también institucional) al cual se puede colaborar cuando se exigen precisiones. Pero es algo que no se puede imponer desde fuera. Para decirlo en chileno: ¿Con qué ropa pido explicaciones a otros si no tengo acusaciones específicas que formular?

De los dichos del Presidente Piñera ya se hicieron cargo los tribunales. Y, respecto del papel de la prensa, cabe decir que es efectivo que hubo omisiones e insuficiencias graves.

Pero también es cierto que los propios periodistas ya hemos analizado y condenado complicidades: por ejemplo, el caso de los 119 detenidos desaparecidos que se quiso hacer pasar como asesinatos entre extremistas o maniobras de ocultamiento presentadas falsamente como enfrentamientos.

Sin embargo, es injusto meter a todos los medios y a todos los periodistas en el mismo saco. Creo que hubo más pecados de omisión, de ingenuidad y de temor (a perder el trabajo) que de complicidad. Y también hubo valerosos ejemplos de rechazo de las versiones oficiales.

Encontrar la verdad empieza por un esfuerzo de los propios implicados.

 

A. S.
Septiembre de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas