Las esperanzas de Obama.

Sabemos que para Estados Unidos lo mejor está por venir”. La enfática afirmación del Presidente Barack Obama parece más un grito de campaña que una realidad de gobierno. Pero es algo que está dentro de las reglas del juego político norteamericano. En la práctica, cada presidente es elegido (o cree serlo) por ocho años. Quedarse a medio camino, sin ser reelecto, como ocurrió con el Presidente Jimmy Carter en 1980, es hasta cierto punto un fracaso.

Los primeros cuatro años son la preparación para lo que se hará en los cuatro siguientes. En ellos se construirá el juicio histórico definitivo.

Nada de lo que hizo hasta ahora Obama será tan trascendental como lo que haga en los próximos cuatro años. En su discurso como triunfador, mencionó cuatro grandes tareas: la reforma impositiva, el ataque al déficit fiscal, el avance en la independencia energética y la reforma a las leyes de inmigración. Según The Washington Post, una quinta prioridad será la reforma política. Urge facilitar el acceso a las urnas en todo el país (hubo personas que debieron hacer largas colas antes de poder depositar su sufragio). Junto con ello, dos meses antes, Obama había hecho sonar las alarmas por otra situación “seria”: “la corruptora influencia” del dinero en la política. “Tenemos que resolver eso”, dijo el martes pasado.

Habrá cambios en el equipo en la Casa Blanca. Ya se sabe que Hillary Clinton no seguirá como secretaria de Estado. Es también el caso de Leon Panetta, secretario de Defensa, y de Timothy F. Geithner, secretario del Tesoro.

En buenas cuentas, ahora se trata de administrar el poder de otra manera. En primer lugar, se parte de la base que, como nunca antes, Estados Unidos exhibe algunas fracturas profundas. El que era, hasta la mitad del siglo pasado, un auténtico “crisol de razas”, en que los inmigrantes se fundían con el resto de la sociedad en un conjunto angloparlante, cristiano (católicos y protestantes), mayoritariamente blanco, ya no es tal.

Como se ha destacado, la elección le dio el triunfo al Presidente, pero mantuvo el Senado con mayoría demócrata frente a una Cámara de Representantes (diputados) republicana. Todo parece igual que antes, pero –ojo- hay cambios: Wisconsin eligió una senadora homosexual; Maine y Maryland aprobaron el matrimonio de parejas del mismo sexo, y Washington y Colorado legalizaron la marihuana. Eso no es todo. Según el comentarista Joe Achenbach, “el pueblo ha hablado, pero los mensajes del día de elecciones no se escuchan con facilidad en la cacofonía de nuestra cultura política... nuestras divisiones políticas se están profundizando”.

Duro diagnóstico. Exagerado, sin duda, pero basado en datos concretos: mientras la derecha se hace cada vez más conservadora, el centro y la izquierda (en términos norteamericanos) se refuerzan.

Esto lo sabe Obama. Tiene confianza en que será capaz de resolver los desafíos. Por eso su promesa de que vendrán tiempos mejores. Ya no trata de convencer electores, sino de guiar a la ciudadanía por senda segura.

A. S.
9 de noviembre de 2012
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas