Entre la CIA y la ANI.

 

Tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, en Estados Unidos, se pidió a los guionistas de cine que imaginaran los peores escenarios de lo que podía venir tras la destrucción de las Torres Gemelas. No era una idea descabellada: hace tiempo que el éxito de Hollywood se basa en guiones muy creíbles de las intimidades del gobierno, el Pentágono, el Congreso, la Casa Blanca, los refugios presidenciales secretos y hasta el propio Air Force One.

Es un proceso ambivalente: las autoridades necesitan de la imaginación de Hollywood ante lo inimaginable y Hollywood requiere de permisos difíiles de obtener para hacer realidad sus proyectos. Es un juego permanente de confianzas y desconfianzas mutuas, inevitable en un tema donde hay que entregar resultados.

Se acaba de plantear en Chile, según un trascendido de radio Bío-Bío, en un informe sobre el conflicto en la Araucanía. Podrían ser los documentos que se manejaron en dos reuniones con participación de Gonzalo Yuseff, el director de la ANI: primero con el Presidente Piñera y algunos ministros, y luego con representantes de las Fuerzas Armadas, Carabineros y la Policía de Investigaciones.

Según la radio, una afirmación esencial del documento es que “el acto catalogado como terrorista constituye una advertencia y una provocación”. De este modo, se incursionaría en un terreno poco habitual, recomendando mesura, ya que los autores de los atentados, esperarían que “la reacción del Gobierno, basada en el uso de todos los recursos de fuerza y legales, genere situaciones de abuso que serán explotadas social y políticamente”. Igualmente se aconseja “aprovechar la situación para generar un frente amplio con la oposición”.

Proveniente de quienes han sido vapuleados por la falta de resultados concretos, este informe es sin duda realista. Abre una poosibilidad de encarar de manera efectiva el desafío extremista pero sin generar nuevos problemas.

Nadie en Chile ignora que la violencia en la Araucanía tiene raíces complejas. Los agricultores amenazados recibieron legalmente –ellos o sus antepasados- las tierras del Estado chileno. Al mismo tiempo, las comunidades mapuches reclaman derechos ancestrales. Puede ser un callejón sin salida si no hay diálogo y se recurre solo a la violencia. Conforme las últimas declaraciones de sectores militantes mapuches, la responsabilidad actual es de grupos “descolgados”. Estos grupos, obviamente pequeños, priorizan la violencia más que la búsqueda de soluciones. De otro modo no se explica el incendio mortal de la casa en Vilcún o la quema de una escuela que solo tenía seis alumnos.

Es una oportunidad única, pero de aprovechamiento muy difícil. Hay temores, pasiones, resentimientos nuevos y antiguios que pueden impedir cualquier arreglo.

Y, sobre todo, hay una advertencia que es válida en Estados Unidos, en Chile y en todo país donde haya servicios de inteligencia trabajando bajo regímenes democrtáticos: hay que mantener la reserva: “no especular públicamente con informes de inteligencia, que no se pueden mostrar”.

Eso, quizás, sea lo más difícil.

 

A. S.
11 de enero de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas