El idioma nos une…

La celebración de los 130 años de la Academia Chilena de la Lengua fue un éxito de comienzo a fin.

Permitió, desde luego, superar el ingrato recuerdo de 2010, cuando Valparaíso debió ser sede del quinto Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), suspendido a consecuencias del terremoto del 27-F. Ahora se desplegaron la pompa y la circunstancia previstas para entonces, se hizo un trabajo intenso y se logró un muy satisfactorio resultado.

Es innegable que en estos 130 años la Academia Chilena resintió hasta cierto punto el predominio de la RAE, la madre de todas las academias del mundo. Ya no es así. Darío Villanueva, director de la RAE, sostuvo que actualmente hay es un trabajo conjunto con todas las academias, “admitiendo entre todos el policentrismo del español y aplicando en nuestros trabajos una política panhispánica”.

Esta idea resume los festejos de los 130 años.

Nuestra Academia, según su propia definición, “ha tenido un muy comprometido papel en la instauración de la nueva política lingüística panhispánica, que implica una relación igualitaria entre todas las academias del mundo hispanohablante, la autonomía de cada una y una colaboración activa entre ellas”.

Ora cosa: los desafíos del mundo digital han sido asimilados crecientemente. Darío Villanueva subraya que la edición N° 23 del Diccionario se subió a Internet hace dos semanas: “A partir de ahora haremos un diccionario digital del que (posteriormente) haremos libros”.

Respecto de la fabricación de nuevos términos en las redes sociales, recordó que no es la primera vez que ocurre algo parecido. “Cuando se inventó el telégrafo, se cobra por palabra, entonces la gente prescinde las preposiciones, de los artículos para gastar menos. Bueno, eso no ha deteriorado el idioma porque es algo que se hace en función del circuito en el que se está comunicando”.

Lo mismo ocurre con el uso de términos extranjeros, al que Villanueva llamó “el papanatismo de usar palabras inglesas que son absolutamente innecesarias”.

Alfredo Matus agrega una queja: “Los chilenos no sentimos la responsabilidad cultural de hablar bien., con precisión, de referirnos a las cosas con los nombres que les corresponden y no usar esos comodines groseros que a nosotros nos escandalizan… Se va creando una indolencia mental, porque no sabemos discriminar los significados”.

Es lo que justifica el lema de nuestra corporación. En vez de lo que aparece como un rigor negativo de la RAE (“limpia, fija y da esplendor”), en casa se optó por algo mucho más positivo: “Unir por la palabra”.

Debería servir para los siguientes 130 años y más.

A. S.
Octubre de 2015
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas