La Nación casi demolida

 

Para el ministro Rodrigo Pérez, la adjudicación del edificio del diario La Nación fue una gran satisfacción: “porque de esta forma hemos recuperado un valioso patrimonio arquitectónico y cívico del país”. Cuatro pisos del inmueble y un subterráneo situados frente a La Moneda, fueron adjudicados a Bienes Nacionales en cuatro mil 530 millones de pesos.

Es un hito importante en la historia del más que octogenario edifico. Su construcción comenzó a fines de la década de 1920, cuando el arquitecto Roberto Barceló Lira recibió el encargo. Algún tiempo después, por la ira de una madre enojada, estuvo a punto de ser demolido.

Senador liberal, Eliodoro Yáñez creó La Nación como una alternativa a El Mercurio y a El Diario Ilustrado. Pretendía que el diario fortaleciera las ideas liberales y fuera vocero de la incipiente clase media.

No le fue mal. Pero el éxito le jugó una mala pasada.

La dictadura del coronel Carlos Ibáñez lo obligó a vender la empresa al Estado en 1927. Y el edificio destinado a albergarlo fue objeto de una terrible maldición: la escritora Inés Echeverría (quien firmaba como “Iris”), nunca perdonó a Roberto Barceló la trágica muerte de su hija.

Eran años confusos en Chile. Se empezaban a multiplicar los grupos armados y en uno de ellos, la Milicia Republicana, se alistó el arquitecto Barceló. El 30 de junio de 1933, cuando iba a un acto público, al despedirse de su mujer, le dio muerte de un balazo. El, que proclamó permanentemente su inocencia, sostuvo que había sido un accidente. La justifica determinó que había sido un asesinato.

El 30 de noviembre de 1936, minutos antes de las seis de la mañana, Roberto Barceló fue fusilado en la Penitenciaría de Santiago. Parecía imposible en esos tiempos que se ejecutara a un personaje connotado, pero la tenacidad de su suegra se impuso. La historiadora Mónica Echeverría –pariente de “Iris” y de Yáñez- asegura que la escritora llegó a amenazar con una pistola a su amigo el Presidente Arturo Alessandri para que no indultara a Barceló.

La verdad de lo ocurrido esa mañana de 1933 en la casa de la familia en Avenida Holanda con Irarrázabal, quedó para siempre en el misterio. Barceló insistió en su inocencia y dejó una carta a su pequeño hijo en que le aseguraba lo mismo. Solo el Padre Alberto Hurtado, su confesor, pudo conocer lo que sucedió realmente, pero obviamente nunca contó nada.

Iris” no quedó satisfecha con la ejecución de su yerno. Según contó en sus memorias el ex ministro de Allende Orlando Millas, su padre, el periodista Columbano Millas, conmovido por el caso escribió un libro con la historia. En esa obra inédita señaló que el último gesto de la dama fue tratar que se demoliera el edificio de La Nación cuando se remodeló el Barrio Cívico. No lo logró pero “al menos obtuvo que se botase lo que lo caracterizaba: la gran torre (que lo coronaba) con un inmenso reloj y, en su reemplazo se le colocaron tres pisos de tipo rutinario que le harían perder los rasgos originales”.

Por una razón no explicada, estos tres pisos no fueron incluidos en la licitación de este año. Por lo tanto siguen siendo propiedad de La Nación SA.

 

A. S.
Octubre de 2013.
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas