Desahogo inoportuno

Chile es mucho mejor que lo que vemos todas las noches en los noticiarios de televisión”. Aunque previsible, porque es lo que siempre quieren creer las autoridades, el comentario del Presidente Piñera tiene además un elemento de contradicción: pese a que ya estaba en La Moneda, le costó desprenderse de la propiedad de Chilevisión, uno de los canales ahora impugnados.

El desahogo, el miércoles en Putaendo, refleja el mismo malestar que alguna vez gatilló la molestia de sus antecesores. Democráticos o dictatoriales, los gobiernos inevitablemente se sienten víctimas de los profesionales de la comunicación. A todos les gustaría poner riendas a algunos comunicadores o, por lo menos, amordazarlos. Pero -¡claro!- ese es un lujo que solo pueden darse las dictaduras.

Desde el 11 de marzo de 1990, Chile ha dado grandes pasos en la protección de la libertad de prensa. Todavía podría llegar más lejos, pero, al terminar con las peores restricciones que dejó como herencia la dictadura, se empezó a despejar el panorama. La Ley de Prensa (2001), discutida demasiado largamente fue un avance gigantesco, perfeccionado en 2005 cuando se eliminó de la Constitución la protección de la vida pública de las personas,

¿Qué es lo que falta? El Estatuto del Periodista (destinado a defender la vida de un periodista en terreno) y la nueva Ley de Colegios Profesionales, que establecerá tribunales éticos para todos los profesionales, colegiados o no.

Pero lo importante es que en Chile el gobierno no podría cerrar –aunque fuera temporalmente- un medio, como acaba de ocurrir en Venezuela con la revista Sexto Poder o descargar una amenaza frontal contra dos diarios como Clarín y La Nación de Argentina.

En Chile el Presidente solo se puede permitir un suspiro nacido del fondo de su alma. Pero, en rigor, también en esta materia debería cuidar más sus palabras.

Abraham Santibáñez
Ex presidente del Colegio de Periodistas de Chile
Publicado en el diario La Segunda