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Una propuesta muy indecente

El siguiente texto corresponde a la intervención de Abraham Santibáñez en la presentación del libro Hervi et Orbi, en la Feria Internacional del Libro en Santiago, el sábado 3 de noviembre de 2012.

   

No es la primera vez que me invitan a hacer la presentación de un libro. Pero siempre me queda la curiosidad acerca de qué espera el público en estos casos. A lo mejor, hoy satisfago a muchos de ustedes con lo que considero una propuesta... muy decente para mí, pero probablemente indecente para ciertos sectores que prefiero no nombrar.

Ya verán.

Partamos por un hecho de la causa: la “materia prima” de esta tarde, este nuevo libro de Hervi, no necesita apoyo. Digamos que está sólidamente construido sobre firmes cimientos, como corresponde a un arquitecto con buenos calculistas..

Pero, sobre todo, este libro, como todos los de Hervi, tiene en él mismo su principal respaldo. Hervi o si prefieren: Hernán Vidal Martínez: posee un conjunto de cualidades perfectamente equilibrado:

  • Notable calidad del dibujo;
  • Extraordinario uso del color;
  • Capacidad de observación y,
    sobre todo,
  • Sentido del humor que puede herir, pero no mata.

Tiempos de Malaquías

A Hervi lo conocí en los años 60 del siglo pasado cuando dibujaba una historieta semanal para La Voz. Su protagonista era Malaquías, un angelito travieso exento de toda beatería.

Durante años se dedicó a las viñetas semanales, madurando su humor y la agudeza.

Hizo en esa época, la década de los 60, tan llena de ilusiones, un aporte casi nunca reconocido a El Obrero Constructor, publicación de la Cámara de la Construcción, y más tarde, cuando ya era conocido como humorista en varios medios, entró de lleno en lo que es una de sus facetas más valiosas: el comentario de actualidad en las revistas Ercilla y Hoy, antes y durante la dictadura.

Pasó luego por varios diarios antes de anclar en La Tercera, el buque insignia de Copesa.

La lista de publicaciones que ha albergado su trabajo es larga, pero siempre pienso que hay medios olvidados.

Según mi recuento, aparte de las publicaciones que ya mencioné, Hervi ha dibujado para Mampato, Rakatán, El Pingüino, Can-Can, Simbad, Estadio, Topaze, La Bicicleta, El Humanoide, Benjamín, La Chiva, La Firme, Ercilla, Qué Pasa y Hoy, El Mercurio, La Época, El Metropoltano, Última Hora, Las Últimas Noticias y La Tercera. Fuera de nuestras fronteras, sus dibujos han aparecido en Jueves, de España; Playboy, de Italia y España; Paparazzi de Suecia y La Nación de Costa Rica.

 

Sobrevivir a la censura

Desde un punto de vista muy personal, encuentro que los momentos más logrados de la carrera de Hervi fueron durante la dictadura. Hervi, como decenas de comunicadores que creíamos en la democracia y la libertad de expresión, fue censurado más de una vez. Pero en muchas más entregó un mensaje de rebeldía y esperanza que los censores no pudieron eliminar, pese a la arbitrariedad, que es su constante en cualquier régimen.

En la revista Hoy retrató de manera implacable el derrumbe del régimen pinochetista en una serie larga de varias semanas. En ella, a página entera, mostró cómo se iba deteriorando la torre del poder, hasta venirse abajo junto con la derrota del dictador el día del plebiscito.

En La Época entregó también secuencias inolvidables. Una, que me parece una obra maestra del ingenio sugerente, la constituyen las caricaturas en que no se ve al dictador. Solo asoman sus pies, en un sillón instalado en lo alto de una serie de escalones alfombrados. Desde allí hace lo que hacen los dictadores: dicta a un lacayo que obedece.

El ingenio de Hervi no está confinado a los temas que se prestan tradicionalmente para la sátira: las debilidades de los poderosos. Como un humanista de variados intereses, gustos y capacidades... lo que, a riesgo de parecer pedante, solo se puede definir con la expresión del Renacimiento: es un uomo universale1. Es que se trata de quien es capaz de criticar duramente la dictadura y su hermana melliza, la corrupción, pero que se ríe con cierta ambigua complacencia de las aventuras de jefes y secretarias, que busca la transparencia y defiende el medio ambiente, que es pacifista y tremendamente cercano a todos, en especial a los niños y adolescentes, siempre con una mirada limpia, sin rencor.

Así lo demostró en la revista Benjamín., que aparecía en La Nación en mis tiempos de director.

¿Premio Nacional de Periodismo?

En la línea de lo expresado por Jorge Montealegre en el prólogo de este libro, no cabe duda de que lo más sobresaliente de la carrera de Hervi es su titánica capacidad para entregar, infatigablemente, una caricatura política al día. Entiendo que partió en este ejercicio en La Época, hace cerca de 30 años. Si es así, son unas diez mil caricaturas.

No hay en Chile otro comentarista que iguale este record. Joaquín Edwards Bello dijo una vez que estaba condenado a “crónica perpetua”. Cómo él, Hernán ha estado encadenado a su tablero de dibujo por años y años. Y lo ha hecho como un atento observador de la actualidad, retratándola con sus imágenes, convertido en un crítico implacable.

Se trata, sin duda, de una vertiente del oficio periodístico que en otro tiempo –cuando el Premio Nacional de Periodismo incluía dibujantes- se lo habrían dado hace rato. Baste recordar que, entre 1964 y 1972 fueron galardonados nueve dibujantes, empezando por Jorge Délano, Coke. Habría que agregar que en 1981 se premió a Renzo Pecchenino, Lukas, cuando la distinción se había reducido a una sola persona. No ha habido otro dibujante premiado, omisión grave si se considera el enorme aporte que hicieron Hervi y decenas de colegas durante la dictadura, con el mérito adicional no sólo de denunciar sino sobre todo de ayudarnos a sonreír en tiempos oscuros.

Creo, como Jorge, que el humor editorial es periodismo. Y. como periodista, no arrisco la nariz. No solo eso: coincido con Jorge que Hervi merece ampliamente el Premio Nacional de Periodismo. Pero no me hago ilusiones. Personalmente propuse hace años que se lo dieran a Mónica González, la misma que acaba de dar un golpe demoledor con las investigaciones de Ciper-Chile acerca de los sobreprecios. El jurado insiste en no hacerme caso.

Parece difícil que tomaran en cuenta esta propuesta de Jorge Montealegre y un servidor... y todos quienes hemos seguido la larga carrera de Hervi.

Seamos optimistas. Vale la pena intentarlo.

A. S.