DOCUMENTO

Incansable defensor de la libertad de prensa

El siguiente informe fue publicado en la revista Mensaje en su edición de septiembre.

Hoy es solo una anécdota: en los tiempos más difíciles de la dictadura, el periodista Emilio Filippi Muratto, entonces director de la revista Hoy, tenía permanentemente un billete de cien dólares en el bolsillo. No era mucho, pero sentía que le permitiría sobrevivir a una expulsión manu militari fuera de Chile. Lo habían amenazado más de una vez. Incluso una mañana encontró una cabeza de cerdo, con una bala, en la entrada de su casa. Pese a ello creía que era poco probable un atentado contra su vida. El riesgo era que lo subieran con lo puesto a un avión hacia el extranjero.

De ser así, se habría encontrado, desde Buenos Aires y Lima a Nueva York, Madrid y otras capitales europeas, con una cálida acogida entre quienes lo apreciaban y valoraban su lucha –junto a otros colegas chilenos- en defensa de la libertad de expresión y, en último término, de la democracia..

Militante democratacristiano, Filippi fue distinguido con la amistad de prominentes personajes chilenos y extranjeros. Recibió importantes galardones periodísticos, como el Premio Nacional de Periodismo (1972), el Premio del Rey de España), el Premio Moors Cabot (Estados Unidos) y otros.

Hasta el momento de su muerte, a comienzos de agosto, luego de un prolongado retiro de la vida pública por razones de salud, Filippi había protagonizado una brillante carrera profesional. Fue director de los diarios El Sur y La Época y de las revistas Ercilla y Hoy. Fue activo dirigente del gremio: redactó la primera carta de ética de los periodistas chilenos y más tarde llegó a ser presidente del Colegio. Se desempeñó como profesor de ética periodística en las universidades Católica, Andrés Bello, Uniacc y Diego Portales.

Como se recordó en su funeral y en distintas notas periodísticas, la suya fue una grande y permanente contribución al periodismo y, en especial a la defensa de la libertad de expresión.

La epopeya post-terremoto

En 1960, cuando dirigía el diario El Sur, protagonizó una inolvidable lección de responsabilidad profesional. En mayo, tras el violento sismo que precedió en Concepción al cataclismo de Valdivia, se empeñó en recuperar el diario lo antes posible. Así se recordó años más tarde lo ocurrido:

- Saltando por encima de escombros y equilibrándose en medio de las interminables réplicas, llegó esa mañana a la esquina de Freire y Colo Colo. Había salido de su departamento tan pronto como pudo. El panorama era impactante en las calles, pero también al interior del diario. “Había una galería de vidrios sobre el taller de impresión, dijo Filippi. Todo eso cayó sobre la máquina de prensa. Se veía que no había posibilidades de una pronta habilitación. Era difícil la situación, pero nuestra determinación fue: ¡El diario hay que sacarlo como sea! Los periodistas, linotipistas... todos los funcionarios estuvieron a primera hora trabajando con ese propósito”.

Con el personal de la prensa se hizo un notable trabajo para dejar habilitado el taller. Se registraron 150 temblores entre el primer terremoto en Concepción y el del otro día a las 15.15 horas, con epicentro en Valdivia. Los linotipistas se paraban en cada sismo a sujetar sus enormes y pesadas máquinas.

El diario salió entre las 2 y las 3 de la tarde. La comunidad lo esperaba ansiosamente. “Violento Terremoto Asoló a Concepción”, decía el título del domingo 22, a todo lo ancho de la primera de cuatro páginas con impactantes testimonios y fotografías.

Al año siguiente la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, le entregó al diario y a su director, en reconocimiento por este esfuerzo, el premio “SIP Mergenthaler”.

Como tuve oportunidad de recordar en el cementerio Parque del Recuerdo más de medio siglo después, esta hazaña fue la mejor demostración de la capacidad de Filippi de generar espíritu de equipo entre quienes trabajaban a sus órdenes. Lo mismo ocurrió sucesivamente en Ercilla, en Hoy y en La Época durante la dictadura.

Contra la dictadura

Lo que marcó la vida profesional de Filippi fueron, sin duda, sus batallas en defensa del periodismo libre.

En Ercilla/Hoy, en los años 70 y 80, encabezó un equipo de periodistas, mayoritariamente jóvenes, que exasperaba permanente y profundamente al gobierno del general Pinochet. Las denuncias acerca de las violaciones de los derechos humanos y la política económica preconizada por el régimen irritaban a las autoridades. Se reconocía, sin embargo, que tenían sólida base documental y estaban respaldadas por entrevistados inobjetables.

Las publicaciones que Filippi dirigió entonces, especialmente la revista Hoy, cumplieron con su promesa de constituirse en “una luz de esperanza”. Más que eso, fueron un punto de encuentro: en los desayunos de Hoy y de La Época se reunían semanalmente antiguos rivales políticos, unidos por el común anhelo de recuperar la democracia.

Paradojalmente, ese valioso esfuerzo, teóricamente valorado en Chile y en el extranjero no tuvo a la vuelta de la democracia el reconocimiento que muchos esperaban.

Hoy y La Época debieron cerrar sus puertas por falta de apoyo. Las figuras de la oposición, como ha dicho el norteamericano Ken Dermota en su libro “Chile inédito”, prefirieron, a partir de 1990, usar como bienvenida tribuna los medios más tradicionales que aquellos que los habían salvado del olvido. Es justo recordar también que la caída del Muro y los cambios en el contexto internacional privaron abruptamente a esos medios contestatarios de cualquier apoyo financiero externo.

El Presidente Aylwin nombró a Emilio Filippi embajador en Portugal, como un reconocimiento a su prestigio internacional y por sus esfuerzos a favor de la democracia y la libertad. En Lisboa tuvo un accidente vascular y regresó a Chile donde continuó –por un tiempo relativamente breve- con sus clases de Ética, hasta que finalmente inició una retirada que terminó siendo definitiva.

Sigue vigente, sin embargo, su vasta obra, resumida en una docena de libros. Varios de ellos se centran en la Ética Periodística, preocupación que fue desarrollando desde sus inicios en el Colegio de Periodistas cuando fue el primer presidente del tribunal de Ética. En los años 60 impulsó en la Universidad Católica la transformación del curso de Cultura Católica en la asignatura de ética profesional.

Sus convicciones profundas le valieron el respeto y la amistad de personajes como el cardenal Raúl Silva Henríquez, los presidentes Eduardo Frei Montalva, Patricio Aylwin y Ricardo Lagos (quien estuvo en la misa de su funeral), dirigentes sindicales como Manuel Bustos, de derechos humanos (Jaime Castillo y Máximo Pacheco), de la agrupación de familiares de detenidos desaparecidos (Sola Sierra y Viviana Díaz) y muchos más.

Declaración de principios

Según una investigación de un discípulo, el periodista Luis Marchant, por lo menos diez artículos suyos permanecen hasta hoy en el portal electrónico Sala de Prensa, en su mayoría dedicados al tema de la responsabilidad ética de la información y el periodismo.

En estos textos apunta permanente al equilibrio entre libertad y responsabilidad, un desafío constante en el periodismo. Lo resumió hace unos años en un seminario del Colegio de Periodistas en Pucón. (Problemas éticos en el periodismo del Chile actual):

Quienes me conocen saben que jamás pediría que se restrinja la libertad de expresión ni se disminuya los fueros del periodismo. Pero, con la misma convicción, debo insistir aquí en la necesidad de que los periodistas sepamos asumir la responsabilidad por nuestros actos y que fortalezcamos los órganos reguladores de las conductas éticas de quienes tienen la hermosa y significativa misión de informar, orientar y defender los derechos de las personas en una sociedad democrática. Los periodistas debemos dar el ejemplo, si queremos que nuestro país sea en forma progresiva cualitativamente mejor”.

Es el aporte que le debemos a Chile, y que el país espera de nosotros, en momentos en que a nuestros difíciles problemas económicos emergentes se agrega un serio deterioro moral en nuestras costumbres”.

Como todo periodista, Emilio Filippi escribió millones de palabras en su vida. Su catálogo es rico y variado, pero en más de un momento, mostró una faceta más íntima. Sucedió, por ejemplo, en enero de 1977, cuando anuncio la idea de generar una nueva publicación, la revista Hoy. Lo hizo en una concurrida comida en el restaurante El Parrón:

Ya les dije a ellos (los periodistas de Ercilla), a poco de renunciar a la dirección de la revista, que mientras unos formaban grupo económicos y ponían todo su interés en la fertilidad del dinero, otros justificábamos nuestra vida formando grupos humanos. Y les mostraba las ventajas: los primeros eran frágiles –aunque en algún momento pudieran parecer todopoderosos- … mientras que quienes integrábamos sólidos grupos humanos, que creíamos en el hombre, que respetábamos a la persona humana, y que abogábamos por una sociedad mejor… podíamos sentir la satisfacción de ver el fruto más temprano que tarde, pero sobre todo, podíamos proyectarnos con alegría a través del tiempo”.

No cabe duda de que así ha sido.

Abraham Santibáñez
Agosto de 2014