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Abraham Santibáñez: “Ser periodista es algo muy potente”

por Christian Ayala Rojas /Porticoudla.cl
25 de agosto de 2010

Este destacado periodista y hasta hace poco presidente del Colegio de la Orden, se acaba de unir al staff de profesores de la Escuela de Periodismo de la Universidad de las Américas en lo que significa todo un orgullo para nuestra casa de estudios. El profesional es uno de los más reconocidos del país y con una carrera sencillamente notable.

Seguramente para cualquier estudiante de periodismo la figura y el nombre de Abraham Santibáñez les debería dar vuelta en la cabeza. Y como no, si muchas generaciones de periodistas hemos tenido que leer en alguna ocasión algunos de sus libros, imprescindibles en nuestra carrera, como lo son “Introducción al Periodismo” y “Periodismo interpretativo. Los secretos de la formula Time”.

Pero la cosa no queda ahí, porque este destacado profesional además lleva una trayectoria impecable como docente y también ha tenido varias generaciones de alumnos a su cargo, a los que les ha entregado todos sus conocimientos y ha aportado en la formación de periodistas bien destacados. (Sin ir más lejos, al autor de esta nota y a varios otros académicos que hoy son profesores de la Escuela de Periodismo de la UDLA Santibáñez les hizo clases en distintas universidades del país).

El periodismo ha sido mi pasión desde muy niño y de hecho siempre estuve a cargo de los diarios murales. Aún así, estudié un año en Química y Farmacia porque mi madre, que era químico-farmacéutica y había quedado viuda, tenía una farmacia y como yo era el mayor parecía lógico que me hiciera cargo del negocio. Pero la verdad, lo único que hice ese año que estuve estudiando eso…fue hacer diarios murales y sacar las fotos del curso”, comienza relatándonos Santibáñez, en una frase que lo retrata de cuerpo entero.

Estudiando Química y Farmacia descubrió la existencia de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile que por esos años se ubicaba en Ñuñoa y tomó la opción de cambiarse de carrera, en una decisión de la que nunca se ha arrepentido. “He tenido problemas, momentos mejores y momentos peores, pero muchas, muchas satisfacciones. De hecho estoy muy orgulloso del trabajo que he desempeñado, de esto de hacer clases, de haber recibido algún premio, de haber sido presidente del Colegio de Periodistas y ahora ser parte de la Academia Chilena de la Lengua y ojo, que uno no es periodista para eso, pero son maneras de evaluar de que uno no lo ha hecho tan mal”.

Don Abraham… con tantos años de periodismo en el cuerpo ¿cómo analizaría el desarrollo y la evolución que ha vivido de la profesión?

- Yo creo que ha sido para bien, pero lo separaría en dos. Por una parte, el desarrollo del periodismo tiene esto de las revoluciones de las comunicaciones, internet, la computación y la digitalización, que si bien tiene algunos riesgos, en general ha sido algo muy positivo. Pero por otro lado, para los periodistas de mi generación, nos marcó fuertemente la dictadura y las restricciones que tuvimos en la libertad de la prensa y siento que las nuevas generaciones no aprecian lo que vale la libertad de prensa como parte inseparable de un aspecto democrático.

De hecho, usted en los tiempos del régimen militar fue parte de la recordada Revista Hoy…

Sí, ese fue un proyecto que partió el año 68 a partir de la vieja revista “Ercilla”. Tras el Golpe comenzamos a criticar muy fuertemente, pero sin escándalo, el cambio en la política económica y la enorme cesantía. No nos metíamos con el tema de los derechos humanos porque eso no lo percibíamos en ese instante, pero aún así el Gobierno presionó al dueño de la Editorial Zig Zag y decidió vender la revista. Nosotros los periodistas decidimos seguir con el proyecto pero de manera independiente y ahí creamos la revista “Hoy”. Tuvimos ayuda de la Iglesia Católica y de algunos sindicatos de acá en Chile y el extranjero, por lo que podemos subsistir y además que comercialmente fue muy exitoso. Nuestro propósito era seguir haciendo un periodismo de calidad, no era una revista de propaganda contra el Gobierno, y eso fue un éxito muy grande.

¿Y entonces…por qué el proyecto terminó con la vuelta de la democracia?

Con la vuelta a la democracia se produce un efecto bien interesante… mucha gente como los políticos que durante la dictadura habían recurrido a esa prensa opositora para mantenerse vigentes nos dan la espalda cuando El Mercurio y La Tercera les abren nuevamente las puertas. Eso habla muy mal de nosotros como sociedad, porque no fuimos capaces de entender que seguía siendo importante mantener estos medios que trataban de ser lo más objetivos. Así, la revista “Hoy” subsistió sólo un tiempo más, pero terminó por desaparecer.

Y a propósito… ¿en el tiempo de los militares, usted tuvo algún temor por su vida?

Todos teníamos temor, pero lo importante es que estábamos haciendo lo que debíamos hacer. Algunos lo ven como algo heroico, pero no creo que sea tan así. En la revista “Hoy”, por ejemplo, había un grupo de periodistas que denunció que habían sido acosadas, que las seguían, que las llamaban por teléfono, cosas todas intimidantes. Hubo otros periodistas que murieron, como José Carrasco y varios otros que desaparecieron y fueron torturados. Eso habla de la importancia en cumplir un rol importante en la sociedad.

¿Y ese rol se perdió en la actualidad en democracia?

Creo que no aprendimos todas las lecciones que nos dejó la dictadura, por eso yo creo que debemos predicar la necesidad de la libertad de prensa. El papel del periodismo es escarbar en las cosas que molestan, dar a conocer lo que nadie quiere que se conozca y en ese sentido siento que hemos perdido ese ímpetu, no digo que todo sea malo, pero podríamos estar haciendo mucho más.

¿Qué sería lo que más rescataría de todo lo que ha logrado y hecho en su carrera?

Hay tantas cosas que atesoro como por ejemplo cuando el año pasado la ex presidenta Bachelet me invitó a (formar parte de su comitiva a) Roma a una reunión con el Papa y la presidenta de Argentina, o el mismo hecho de haber sido Presidente del Colegio de Periodistas. Pero yo creo que hay dos cosas muy importantes en mi vida personal. La primera es el premio de la Embotelladora Andina que me permitió ir a la entrega del Nobel de La Paz en Oslo en diciembre del 2001 en un año muy complicado por el tema de las torres gemelas. Y lo otro, es algo que me tocó mucho a manera personal que fue el descubrimiento de los cuerpos de los detenidos desaparecidos de Lonquén.

¿Y cuál es esa historia?

Era el año 1978 y yo era subdirector de la revista Hoy y me pidieron, junto al director de la revista Qué Pasa, Jaime Martínez, que fuéramos a una reunión a la Vicaría de la Solidaridad. Allí nos contaron de una denuncia anónima que afirmaba que en unos hornos abandonados en Lonquén había cadáveres de detenidos desaparecidos. Partimos de inmediato para verificar en terreno y con un grupo grande de seminaristas comenzamos las excavaciones. Fue un día muy largo bajo un sol inclemente, pero finalmente encontramos lo cadáveres que eran muchos. Había ropas, numerosos huesos y varias cosas más indescriptibles. Eso para mí fue muy fuerte y es un ciclo que recién logré cerrar este verano cuando por fin se hizo el entierro de estas víctimas porque hubo toda una historia en torno a esto, primero la negación por parte de las autoridades y luego vino la burla, cuando los familiares ya habían hecho el reconocimiento de sus parientes y estaban esperando que les entregaran los cuerpos, pero vinieron desconocidos y sacaron los cadáveres de manera clandestina de la morgue y los tiraron a una fosa común en Talagante. A partir de entonces vino un trabajo muy minucioso a partir del ADN que recién terminó este verano. Eso por supuesto fue una emoción muy grande.

ABRAHAM, EL PRESIDENTE… Y EL ACADÉMICO

¿Cómo calificaría el haber sido presidente del Colegio de Periodistas?…da la impresión que debe ser una labor algo frustrante…

Eso fue una de las cosas importantes que he hecho en mi vida y fue una muy buena experiencia aunque yo esperaba mejores resultados. Lo que pasa es que el Colegio pasa por una crisis de participación, todos quieren que exista, pero a la hora de tener que ponerse con tiempo y por sobre todo con plata, no siempre lo hacen. Incluso tuvimos un par de años en los que nos costó mucho pagar los sueldos del personal y poder realizar otras iniciativas para lograr un acercamiento mayor a las escuelas de periodismo, porque es necesario que los jóvenes entiendan el papel que cumple el colegio.

- Pero en un momento el propio Colegio hizo una campaña que llamaba a los jóvenes a no matricularse en escuelas de periodismo…

Eso fue un gran error. Frente a la proliferación de escuelas el Colegio no debería haber sido un elemento crítico, sino orientador. Tenemos que enfocarnos en las fortalezas como la preocupación de la ética y la preocupación por el trabajo periodístico y conseguir que haya un debate más profundo en temas que realmente deberían interesarnos más y lograr un equilibrio informativo.

Y en el ámbito académico… ¿ser profesor también lo vive como una pasión?

Sí, es algo muy reconfortante. Yo comencé muy joven, antes de titularme, como ayudante en la Universidad de Chile, con dos grandes periodistas: Raúl Aicardi, que era hombre de radio pero fue uno de los creadores del Canal 9 de la Universidad de Chile, y el otro es Mario Planet que para el tema del periodismo interpretativo fue mi gran maestro. De ahí comencé siempre a hacer clases, y lo que hago ahora, que es enseñar el tema de la ética, es algo que me gusta mucho porque creo que es nuestra defensa frente a cualquier abuso por la vía de poner limitaciones legales al ejercicio del periodismo.

¿Y qué se siente haber escrito libros que casi todas las nuevas generaciones de periodistas han tenido que leer?

Jajajajaja… es que eso era algo que tenía que hacer. Desde muy joven, incluso desde niño, pensaba que ser periodista era un servicio importante para la comunidad y cuando fui creciendo pude entender cuáles eran las reglas para ese trabajo como la metodología de investigación, la rigurosidad y el escribir de una manera atractiva para fascinar al lector…bueno eso es lo que planteo en mi libro. Ser periodista es muy potente, porque podemos hacer aportes muy grandes

Y qué pasa con las nuevas tecnologías… ¿se ha podido acostumbrar a los cambios?

Como estoy trabajando en la ética me preocupa ese aspecto, aunque obviamente el desarrollo tecnológico nos ha permitido que a través de los años el servicio pueda ser mejor. El problema es que también permite de otros agentes o actores participen y no es problema que no sean periodistas, pero no tienen nociones éticas y por último un periodista tiene que responderle a alguien. El periodista profesional tiene responsabilidad, tiene metodología de la investigación tiene respeto por las persona y por último sabe qué tiene que responder por lo que dice, en cambio en internet hay gente que pasa igual que los grafiteros: sólo rayando paredes y eso a mí me preocupa.

Es decir, ¿en estos tiempos la diferencia entre un periodista y alguien que no lo sea pasa por la ética?

Absolutamente, sin duda. La sociedad necesita ciertas orientaciones, estar informada y que se destaquen cierto personajes. No quiero descartar a los aficionados porque hay aportes muy buenos, pero hay muchos que sólo buscan causar polémicas

Por último…¿le queda por hacer algo en su carrera profesional… le falta algún objetivo aún?

Síííí, claro. Hay varias cosas que me quedan por ejemplo tengo muchas cosas por escribir sobre periodismo interpretativo y en lo personal me gustaría viajar en términos más turísticos. Y en cuanto trabajo, quiero seguir compartiendo por mucho tiempo más lo que sé con la gente joven, así que me queda cuerda para un buen rato.

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