DDHH: Preocupación vigente

Había dicho que no iría a la cárcel. También aseguró que no moriría en prisión. Cuando falleció, estaba en un hospital militar, custodiado por gendarmes.

Manuel Contreras Sepúlveda, condenado a 526 años de reclusión, estuvo convencido toda la vida de su poder. Así lo consignó el periodista Manuel Salazar en su obra “Contreras”. El “Mamo”, escribió en 1995, castigaba bárbaramente los errores de los cadetes a su cargo en la Escuela Militar. Un capitán de Ejército ya retirado, lo acusó de “prepotente, perverso, explosivo y desalmado, por decir lo menos”.

Era solo el comienzo.

A fines de 1972, ya coronel, asumió como director de la Escuela de Ingenieros, en Tejas Verde. En menos de un año se compenetró sistemáticamente de la situación política. Hacía vigilar, incluso, a los propios miliares. Por ello, después del 11 de septiembre, logró de inmediato el control de la situación. Y, como señaló Salazar, lo hizo sin miramientos; “en los días siguientes, en los subterráneos… se practicaron crueles torturas a los detenidos, utilizando incluso sopletes de acetileno para perforar los cuerpos de las víctimas”.

La tenaz negativa de Contreras de reconocer cualquier violación de los derechos humanos, lo marcó desde que fue detenido.

Empezó así una etapa de inevitable declinación, pese a que, nunca dobló la cerviz. La mayor parte de la opinión pública terminó por repudiarlo, incluyendo representantes de los civiles de derecha que apoyaron la dictadura. Jaime Guzmán, fue su permanente adversario, duro crítico de sus procedimientos.

Lo sorprendente, sin embargo, es que quienes condenan a Contreras, no han dejado de apoyar al régimen militar.

Un cuarto de siglo desde el retorno de la democracia, uno de cada cinco chilenos tiene una buena opinión de Pinochet y su gobierno según un sondeo del Barómetro de la Política de CERC-MORI. La misma proporción justifica hoy el golpe de estado, con una precisión digna de considerar: “Las opiniones favorables hacia la dictadura y el general Pinochet son mayores entre los chilenos y chilenas de más educación y edad, pero principalmente entre quienes declaran haber votado por la derecha y, especialmente, de los votantes de la UDI”.

Según esta encuesta, un 68 por ciento de chilenos cree que el golpe de Estado nunca es justificable. Pero hay un 21 por ciento que piensa que los militares tenían razón al dar el golpe. Es una proporción que ha bajado desde 2003, pero que revela las dificultades de la transición, en especial en cuanto a la reconciliación.

En días en que se está revisando el caso Quemados y trascienden sus horrorosos detalles, hay motivos para preocuparse.

A. S.
Agosto de 2015
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas