Cuestión de tono.

 

Se sorprende la ministra Matthei porque los diputados socialistas, a los que encuentra demasiado “finos”, se escandalizaran debido a que los trató de “huevones”.

El tema es otro: se trata de la deferencia debida entre los poderes del Estado. Si ella se queja por la descortesía con que la recibieron, no parece adecuado que se colocara en un parecido nivel entregando una respuesta descalificadora.

Huevón es una palabra corriente en nuestro país. En un bullado caso periodístico, con ayuda de la Academia Chilena de la Lengua, se observó que hasta podía ser un término cariñoso.

Pero no es lo mismo un “huevón” cualquiera que un “huevón de mierda”, que fue el término exacto que usó de la secretaria de Estado. Sobre todo si uno se fija en el tono utilizado.

Dicen que lo mismo le ocurría al cura de Putaendo. No le molestaba que lo trataran así... pero no soportaba el “tonito”.

Fue lo que no tomó en cuenta la ministra.

Abraham Santibáñez
Miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua.
Publicado como Cartas al Director de El Mercurio
7 de octubre de 2012