Las batallas de Crimea.

 

Ir en avión comercial de Santiago a Crimea demora como mínimo 22 horas y algunos minutos. No es un viaje fácil y no hay seguridad que funcionen todas las conexiones. Si funcionan, tampoco hay seguridad de que el avión pueda aterrizar: el jueves pasado el aeropuerto de Simferopol fue cerrado para todos los vuelos, excepto los de Moscú.

No es temporada de turismo en la histórica península que ahora se disputan Rusia y Ucrania. No es por falta de atractivos: hay lugares de descanso (balnearios termales y hermosas playas) y otros que son valiosos archivos de la historia como Sebastopol y Yalta. Conforme la información oficial “Sebastopol está marcada por tragedias bélicas: primero la Guerra de Crimea (1854-55) y más tarde la Segunda Guerra Mundial que la convirtieron en víctima de largos asedios de los que siempre salió victoriosa, aunque dañada”.

Yalta “es considerada la perla de vacaciones del Mar Negro”. Aquí también pesa fuertemente la historia. Entre el 4 y el 11 de febrero de 1945, Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y José Stalin celebraron una conferencia durante la cual comieron y bebieron opíparamente y, de paso, se repartieron el mapa del futuro. Según los acuerdos de esa reunión celebrada en un antiguo palacio de los zares, tras el inminente fin de la guerra, Alemania se dividiría en cuatro partes gobernadas por Gran Bretaña, Estados Unidos. la Unión Soviética y Francia. Además, conforme un curioso juego de porcentajes encabezado por Churchill y Stalin, la parte oriental de Alemania, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Yugoslavia, Albania, Rumania y Bulgaria quedarían en la órbita soviética. División que más tarde (en 1948) comentó Churchill en una frase para el bronce: “Una cortina de hierro ha caído sobre Europa”. Era el comienzo de la Guerra Fría que marcó la segunda mitad del siglo XX.

Mucho antes, en el siglo XIX, Crimea fue el escenario de la desastrosa carga de la brigada de caballería ligera en Balaclava (cerca de Sebastopol). La acción, que según el corresponsal del Times de Londres tuvo un costo de 409 soldados británicos heridos, desaparecidos o muertos en acción de un total de 607. Lo peor es que desde el comienzo se sabía que los británicos, aliados a franceses y turcos, no podían ganar frente a las tropas rusas estratégicamente instaladas en las alturas.

De esta derrota nació un mito glorioso. Lord Alfredo Tennyson lo inició con un famoso poema. Los 600, dijo, “no estaban allí para razonar, no estaban sino para vencer o morir”. Hollywood también ha inmortalizado el desastre, desde una primera película de 1936, protagonizada por Errol Flynn. Por su parte, el periodismo ganó entonces el género de la crónica bélica con el minucioso relato del corresponsal del Times, William Howard Russell.

¿Puede extrañar, a la luz de estos recuerdos, el empeño que ha puesto Vladimir Putin en su intento de recuperar un territorio tan rico en historia? Sin contar, por supuesto, los otros beneficios de Crimea, principalmente un clima privilegiado, muy distinto de la gelidez del resto de Rusia.

 

A. S.
16 de Marzo de 2014
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas