Cremar o no cremar

La conmemoración del día de los fieles difuntos está marcada este año por una sorpresiva reiteración de la jerarquía católica de los cuidados que se deben tener con los restos mortales de una persona.

Por siglos, para los católicos la cremación estuvo prohibida hasta que, en 1963, la Congregación para la Doctrina de la Fe abrió la puerta. La incineración, se afirmó, no es contraria “a ninguna verdad natural o sobrenatural”.

¿Por qué, entonces, la misma repartición del Vaticano, presentó ahora un nuevo documento? La respuesta es que se quiere “reafirmar las razones doctrinales y pastorales para la preferencia de la sepultura de los cuerpos y (la necesidad) de emanar normas acerca de la conservación de las cenizas en el caso de la cremación”.

No se da marcha atras pero se pone en evidencia una creciente preocupación. Lo señaló el actual prefecto, Gerhard Ludwig Müller, al presentar el documento “Para resucitar con Cristo”. En el texto se dice que el entierro en cementerios, “favorece la compasión y el respeto a los cuerpos” así como “el recuerdo y la oración”, en contraste con los problemas que se pueden presentar en caso de cremación.

Según las agencias informativas, el documento, aprobada explícitamente por el Papa, apunta a los “abusos y vulgaridades que se han vuelto frecuentes en esta materia”. Buena parte de las situaciones conflictivas respecto a las cenizas se producen especialmente en Estados Unidos en la segunda generación de familiares y en los cambios de casa o divorcios.

Algo ingenuamente se podría pensar que la muerte y la religión congenian con facilidad. Pero no siempre es así. La mayoría de las creencias monoteístas de Occidente apuesta a la inmortalidad del alma. En Oriente, en cambio, hay religiones que miran el asunto desde la perspectiva de la reencarnación. El debate surge cuando se plantea qué hacer con los cadáveres.

Los griegos de la antigüedad pensaban que el mejor homenaje a sus héroes era la cremación. Homero describe en la Ilíada la emocionante escena en la cual Príamo, padre de Héctor, acude a la tienda de Aquiles. Le pide a aquel que dio muerte a su hijo, que le permita celebrar dignamente los ritos funerarios, incluyendo la pira en la cual se quemará el cadáver. Hasta hoy, los hindúes incineran a sus muertos según un ritual que culmina con el lanzamiento de las cenizas al Ganges.

Otras religiones, en especial el judaísmo, rechazan la cremación. No cabe duda de que, después del holocausto, los descendientes de las víctimas del nazismo tienen profundas razones para no querer la quema de los cadáveres.

Está por verse si los fieles católicos hacen caso o no del nuevo planteamiento.

A. S.
Octubre de 2016
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas