Juegos peligrosos.

 

Cuando murió Kim Jong-Il, líder de Corea del Norte, el 17 de diciembre de 2011, la televisión estatal habló de inmediato de su hijo menor, Kim Jong-un, como su sucesor. Pero, por su juventud (sólo este año cumplió los 30), se aventuró que el poder real no quedaría en sus manos.

No fue así. Apenas un par de semanas después, Kim Jong-un fue confirmado como “líder supremo” de la nación. Sin embargo, hasta ahora no se sabe quien ejerce realmente el mando. Debido a que Corea del Norte es un país hermético, el más hermético del mundo, tampoco se sabe quien es el responsable de las amenazas desde Pyonyang, su capital.

Lo resumió la BBC Mundo:

Durante el mes pasado, Pyongyang prometió hacer trizas el armisticio de 1953 entre las dos Coreas y cerrar la línea directa en la región fronteriza. Luego anunció que había incrementado el nivel de disposición al combate de sus fuerzas de artillería, con las bases estadounidenses en Guam y Hawai en el punto de mira. El aviso más audaz fue que se reserva el derecho a una guerra nuclear preventiva contra Washington o Seúl”.

La pregunta es quien toma las decisiones en un régimen en el cual el joven líder siempre aparece rodeado por militares de viejo cuño. Pese a haber desarrollado una poderosa maquinaria bélica, los analistas han decidido que Corea del Norte no está en condiciones de ir a la guerra… todavía. No tiene todo el equipamiento necesario aunque trabaja intensamente por lograrlo. La postura de Kim Jong-un es todavía débil: antes de morir su padre lo ascendió rápidamente a general del ejército cuando se convenció de que era el más confiable de sus hijos. Ahora tiene que demostrar sus capacidades.

Como fuere, frente a las amenazas, los eventuales adversarios han reaccionado con vigor. Más de 40.000 soldados estadounidenses y surcoreanos se encuentran actualmente realizando maniobras militares en la península coreana, como parte del ejercicio anual Foal Eagle. Aviones de combate, bombarderos y submarinos de Estados Unidos se dirigieron a la región, en un esfuerzo por "mejorar la seguridad y la preparación" de Corea del Sur. Más todavía: el jueves pasado dos bombarderos furtivos B-2 estadounidenses con capacidad nuclear realizaron una espetacular misión de entrenamiento. Partieron desde bases en EE.UU. y dejaron caer municiones de fogueo en Corea del Sur. Estos ejercicios "demuestran la capacidad de Estados Unidos para llevar a cabo ataques a grandes distancias, rápidos y cuando quiera", se señaló.

En estas demostraciones de fuerza suelen no ser más que eso: enfrentamientos propagandísticos destinados a los medios, recurriendo incluso al photoshop como lo acaba de hacer Pyongyang para aumentar en una imagen el número de sus naves de guerra.

Es una estrategia que requiere, sin embargo, de mucha experiencia y nervios de acero. Como apuntó un comentarista internacional: “Actualmente, el riesgo no es de una guerra a gran escala o un ataque nuclear, sino de un error de cálculo”.

 

A. S.
28 de marzo de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas