¿Conspiración en Palacio?

Reconozco que soy una víctima del aluvión constante de teleseries ý películas norteamericanas dedicadas a retratar siniestras conspiraciones para apoderarse de la Casa Blanca. Temo que me pueda pasar algo parecido a lo que le ocurrió al vecino de La Mancha, el bueno de Don Quijote, que de tanto leer libros de caballería salió lanza en ristre a desfacer entuertos. En mi caso, este exceso de videos me llevó, por ahora, al convencimiento de que podríamos haber vivido una versión local de esas fantasiosas conspiraciones gringas.

Supongamos –solo supongamos- que al final del primer gobierno de Michele Bachelet, un grupo de jóvenes partidarios no haya quedado conforme con el balance del período. En esta perspectiva, los gobiernos de la Concertación no habrían tenido la fuerza, ni la decisión de implementar los cambios de fondo con los cuales soñaban. El régimen del Presidente Piñera solo sirvió para reforzar el diagnóstico: si se quería llegar a la meta era la hora de revivir la vieja consigna de “avanzar sin transar”.

Si hubo un plan, debía comenzar por asegurar el triunfo de Michele Bachelet. Gracias al exitoso trabajo desplegado en la campaña, los presuntos conspiradores de esta fábula, quedaron en óptima posición para la siguiente segunda etapa: instalados en el gobierno, desplegaron su máximo esfuerzo para lograr la aprobación de los aspectos cruciales del programa. Hasta se llegó a reemplazar la aplanadora clásica por una imagen más dura: la retroexcavadora.

Se generó así un violento choque con gran parte de la opinión pública –que empezó a darle la espalda a la Jefa del Estado- pero se sacaron adelante, contra viento y marea, las reformas fundamentales. Aquellas que nunca antes llegaron a puerto, entre otras cosas, debido al empate permanente generado por el sistema binominal.

En menos de un año, el trabajo principal concluyó con éxito.

Entonces vino el desastre. ¿O tal vez no?

Recordemos que las ilusiones del hombre de la Mancha no se apagaron a pesar de las derrotas y apaleos sufridos. En nuestro caso, si había un plan –corroborado por la aseveración de que Rodrigo Peñailillo tiene futuro como Presidente- lo ocurrido es apenas el fin de una etapa. La Presidente se ha comprometido a continuar adelante. El ministro del Interior dijo que no cree en las retroexcavadoras porque van marcha atrás… lo que significa que se va a mantener el rumbo, sólo que con otro ritmo.

Y, por supuesto, el plan sigue en pie.

Abraham Santibáñez

A. S.
Mayo de 2015
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas