Conflicto de valores

Los chilenos –desconfiados por naturaleza- tienen poca fe en la ética de los periodistas y de los medios de comunicación. El portaestandarte de esta postura era un anónimo lector de El Mercurio. En varias oportunidades en que he firmado una carta como “profesor de ética periodística” reiteró su burlona convicción: “¿Ética periodística? Ja, ja, ja…”.

Cuando buscaba un título para mi libro sobre el tema, me pareció que era el mejor resumen de los prejuicios vigentes. Debo reconocer que el resultado: “¿Ética periodística? Ja, ja, ja…”, desconcertó a no pocos lectores.

Habrá que repetirlo: los chilenos tenemos buenos mecanismos de autorregulación. Lo malo es que ni el Consejo de Ética de los Medios ni el Tribunal de Ética y Disciplina del Colegio de Periodistas son suficientemente conocidos. Muchos posibles denunciantes optan por el silencio resignado. Pero cuando hay denuncias, ambos tribunales, cada uno en su área, actúan con eficacia. Y, hay que decirlo, se ha avanzado mucho. Es una buena razón para perseverar en la enseñanza de la asignatura a nivel universitario.

Hace unos días, con motivo de un encuentro de periodistas egresados de la Universidad Diego Portales, pedí a mis alumnos que les hicieran una pregunta: ¿Cuánto les ha servido en la vida profesional lo que aprendieron sobre ética en la Escuela?

Era de temer que se produjera un aluvión de respuestas negativas. No fue así. Según lo que investigaron los alumnos, el saldo es positivo: este grupo de periodistas de la UDP ha enfrentado más de algún dilema ético en sus primeros años de carrea. Y, por lo que contaron, los han resuelto de buena manera.

Un caso ilustrativo es lo que le pasó un reportero de Ciper, el prestigioso medio electrónico que dirige Mónica González. Durante la ocupación de la Universidad del Mar, en Reñaca, los estudiantes, irrumpieron por la fuerza en la oficina del Rector. Allí encontraron cajas y cajas de pagarés impagos por un valor de $50 mil millones.

Algunos estudiantes querían destruirlos. Pero se impuso el criterio de conservarlos y utilizarlos para demostrar ante l Justicia los abusos del plantel.

Para los periodistas el problema era otro. Desde el punto de vista ético por principio no se pueden utilizar documentos obtenidos ilegalmente. Pero ¿y si esos documentos son fundamentales para esclarecer la verdad en un caso complejo?

El equipo de Ciper resolvió usar el material porque consideró que el reportaje ganaba en consistencia. Pero habría sido igualmente válido decidir lo contrario. Es lo que hace apasionante el análisis ético.

A. S.
Octubre de 2014
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas