Chispeza altiplánica

Chispeza”, el original término acuñado por el jugador Gary Medel y que ha sido definido como “viveza, choreza, tener chispa, ser vivo, tener energía y aguante”, podría ser la mejor definición del Presidente boliviano Evo Morales. No en vano ha marcado records de permanencia en la historia de su país. Ahora, sin embargo, su popularidad podría empezar a verse amenazada según demuestran los recientes resultados electorales.

Como fuere, es más que prematuro para asegurar el fin de tan exitosa carrera política.

Aunque nos duela, su campaña a favor del acceso soberano al Pacífico es, sin duda, la que ha producido mejores frutos para Bolivia en el siglo que ha transcurrido desde que se firmó el tratado de 1904.

La clave está en la capacidad comunicacional de Morales.

En los últimos días, desplegó toda su “chispeza” tras el torpe gesto del entonces ministro de Defensa, Jorge Ledezma, quien entregó en Copiapó un envío de agua potable mientras lucía en su chaqueta un desafiante mensaje: “El mar es de Bolivia”.

Con solo dos meses y diez días en el cargo, Ledezma se esforzó por explicar que no había mala intención, solo el apuro por abrigarse a su llegada de madrugada. En Chile nadie le creyó. En Bolivia, de inmediato se advirtió que se esfumaba la eventual ganancia publicitaria del gesto. “Nunca hemos pensado y nunca manejamos con fines electorales y políticos e intereses personales algo que es humanitario y que es una cuestión de salud”, aseguró el presidente Morales. Lo hizo después del juramento del sucesor de Ledezma, rápidamente defenestrado.

La rápida reacción del Presidente boliviano demuestra una enorme capacidad de sortear obstáculos. No esperó que el incidente se agigantara: cortó limpiamente el nudo gordiano y ofreció disculpas: No era decisión personal y menos del Gobierno nacional que representa al Estado Plurinacional, y (por lo tanto, debo pedir) perdón al pueblo de Atacama y al pueblo chileno.

El nuevo ministro de Defensa es el abogado cruceño y excandidato a alcalde del MAS en Santa Cruz de la Sierra, Reymi Ferreira.

En apariencia, el gobierno boliviano superó limpiamente un posible problema. Para los suspicaces queda la duda acerca de toda la operación: ¿incluía o no el sacrificio de Ledezma en caso de problemas?

La política del Presidente Morales, lo mismo que ocurre tradicionalmente con los actos de espionaje, es una apuesta. Si es descubierto, el agente queda entregado a su suerte. Si triunfa, la historia lo premiará.

Evo Morales se está jugando por el mar como ningún otro mandatario boliviano. Y para ello ha hecho un asombroso despliegue de chispeza. Todavía puede haber más sorpresas.

A. S.
Abril de 2015
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas